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Prueba Yamaha MT-10, a por el cetro de las Súper Naked

Prueba Yamaha MT-10, a por el cetro de las Súper Naked

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El trofeo Super Naked por el que hemos abogado, hasta ahora sin mucho éxito, la verdad, vuelve a encontrar otra justificación con la reina de las Yamaha desnudas. Sin embargo, y a pesar de que el motor de esta MT-10 te catapulta por arriba hasta la estratosfera y se muestra por abajo con un músculo ciclópeo, resulta una naked de posición más bien touring, con un discreto acento deportivo. Una sensación que transmite la situación del asiento, un tanto baja (825 mm), que te encastra en el fuselaje de la moto. En cuanto a las manos, se cogen a un manillar de cierta elevación, sobre una línea que no queda demasiado adelantada, como en otras naked, abalanzando el peso del tronco y de la cabeza sobre la rueda frontal.

Los pies, por su parte, quedan también en una situación discreta, un tanto retrasados, con una altura sobrada para la carretera y algo justa para la pista.

Un motor muscle bike

 

Como ya hemos adelantado, el motor se siente rebosante de poder desde el momento en el que soltamos el embrague, aunque sea para iniciar un paseo por nuestra barriada, indistintamente del modo electrónico que hayamos seleccionado. Tal es su sensación musculosa que por algún momento podremos creernos conduciendo una moto de mayor cilindrada aun, o incluso de una propia macho bike.

Son las virtudes particulares de la concepción crossplane, que tanto carácter ha dado a los últimos tetracilíndricos y tricilíndricos de la marca de los diapasones como esta MT-09 SP y esta MT-09 Tracer que ya probamos.

Por otro lado, la suavidad de su marcha, a partir del ralentí y hasta el corte del encendido, resalta por unas vibraciones que en esta MT10 brillan por su ausencia. Una suavidad que se muestra en forma de progresión con la respuesta del puño, en cualquiera de los modos que ofrece la electrónica.

Haciendo curvas

 

Curva a derechas en FK1 con la Yamaha MT-10 SP

Las formas ergonómicas que traza la silueta de esta MT-10 facilitan la integración del motorista para formar un conjunto compacto. La piernas encuentran sendas concavidades sobre las que apoyarse, tanto en las frenadas más exigentes, para mantener la moto lo más horizontal y estable posible, como para llevársela consigo en una curva, presionando con la rodilla sobre el exterior del depósito. De esta manera, la MT10 gira al simple gesto de nuestro cuerpo, realizando con rapidez esta comprometida maniobra, en un reducido espacio, para abordar el viraje que llega con una precisión que casi se puede graduar al milímetro.

A continuación, el paso por la curva, propiamente dicho, no ofrece ni el más mínimo resquicio a la duda, puesto que lo sientes tan sólido como un pilar, por muy inclinado que vayas. No importa la velocidad del paso por la curva, tanto en las más lentas y cerradas como en las más rápidas y prolongadas, la sensación no cambia: siempre mantiene la misma solidez.

Un juguete diabólico

Prueba Yamaha MT-10 en el circuito de FK-1

Con sólo 1.400 mm entre sus ejes, la MT-10 se percibe como un conjunto compacto desde los primeros metros, con la impresión de conducir una moto bastante más pequeña y de cilindrada más reducida…, hasta que, naturalmente, giras el puño del gas. Lo cierto es que Yamaha ha afinado la electrónica que gestiona la inyección hasta hacernos creer lo contrario, que controlamos un motor más grande y no un tetracilíndrico “sólo” de mil. Baste como ejemplo descriptivo el detalle de que esta MT10 reacciona al giro del acelerador en sexta marcha, a 50 por hora, con 180 kilos encima sin toses ni protestas, sin amagos ni titubeos.

Luego, arriba, el empuje del motor puede resultar realmente salvaje, si abrimos a fuego en el modo A, y sentimos cómo la rueda delantera se eleva en las tres marchas más cortas con relativa facilidad. Sin embargo, la estructura sólida y compacta, de toda la parte ciclo, entrega el dominio de la MT-10 con una sorprendente sencillez para quien se sitúa detrás de su manillar.

Pero antes de continuar con nuestro test en la calle, pasemos directa a la prueba de fuego por la que hicimos pasar a la versión estándar de esta súper naked.

En el circuito

Prueba Yamaha MT-10 bajo el ovni de Jerez

Nuestro inestimable colaborador Ismael Bonilla se llevó la versión estándar de la MT10 al circuito de Jerez. Allí rodó con ella, en una prueba de fuego cuyos resultados nos describe el propio Isma:

Me ha sorprendido gratamente, para lo que es una moto de calle en circuito. La posición de conducción resulta muy cómoda. Los Bridgestone S20 R han aguantado muy bien; sí que es verdad que cuando se pasan un poco de temperatura, la moto empieza a flanear con el gas abierto y algo de inclinación, pero también es verdad que es como resultado de las suspensiones estándar. En las primeras vueltas aguantan, pero cuando cogen temperatura, bajan su rendimiento sobre todo atrás. Yo no inclino mucho, por lo que los avisadores han rozado muy pocas veces. En la segunda tanda, he cerrado a tope la compresión delantera, aunque no he tocado la pre carga; y atrás también la he cerrado algo. Seleccionando el control de tracción en su nivel más permisivo, el uno, entraba al final en la salida de casi todas las curvas.

Prueba Yamaha MT-10 con el veredicto de Ismael Bonilla en Jerez

El quick shifter, en el circuito y cuando cambias a tope de vueltas, no llega a ser como el de la R1, que eso es una auténtica delicia, pero lo hace bastante bien. Los frenos son alucinantes. Tiene un equipo potente, con un tacto buenísimo, y lo que no gusta en pista es que no se puede desconectar el ABS, que entra con relativa facilidad.

Y sin duda lo mejor de esta moto en el circuito es el motor. No es como el de la R1, pero casi. Si te descuidas, va levantándose en segunda y tercera, y la verdad es que es una delicia abrirle gas a fondo.

En cuanto a la parte ciclo, las primeras sensaciones cuando sales a pista son las de una moto pesada, un poco barco, si me apuráis, y con una posición que no es racing. Pero cuando te vas acostumbrando a jugar con los pesos, vas adaptando el pilotaje y puede llegar a ser muy divertida.

Una moto que me ha gustado bastante, para ser de calle, y además cansa muy poco, por la posición de conducción, y puedes dar bastantes vueltas sin agotarte.

Los Modos

Prueba Yamaha MT-10 SP por Cristina Alberquilla en FK-1

La electrónica abre la posibilidad de programar tres entregas de este crossplane, en los que se percibe claramente la diferencia de conducir la MT-10 con uno y con otro, hasta el punto de que la diferencia del carácter marcado por algunos de ellos casi nos hace sentir una versión diferente de esta soberbia naked.

En el modo A, el más agresivo, el tetracilíndrico cambia de tono a partir de las 5.500 rpm, dejando sentir un impulso extra, que si lo dejas prolongarse hasta el final (11.500 rpm), te lanzará, sencillamente, más allá del hiperespacio. Por otro lado, la respuesta del acelerador es directa, aplicando la desmultiplicación electrónica del puño más corta.

Detalle estribera Yamaha MT-10 SP

En cuanto al modo B, se ha perfilado pensando en la conducción sobre mojado, o con baja adherencia; sin embargo, cabe decir que, a poca mano que se tenga sobre una moto de mil, la MT-10 se conduce con suma facilidad, y una notable seguridad, después de haber seleccionado incluso el modo A, puesto que la entrega del cuatro cilindros con disposición crossplane es tan lineal como previsible, a pesar de su cuantiosa potencia. Por otro lado, la sensación llena y robusta que transmite su empuje a bajo régimen viene como un guante a la hora de conducir bajo la lluvia.

Piña izquierda de la Yamaha MT-10

Tan solo habrá que tener en cuenta el comportamiento de los S20, si cae con mucha persistencia y llega a formar charcos; estos Bridgestone hy sport que se mostraron a la altura de un auténtico pepino como la MT-10, sin embargo no cuentan, como es natural, con un dibujo más desarrollado para drenar grandes cantidades de agua.

Por otro lado, el TCS (Control de Tracción) ofrece tres niveles, que vienen definidos con cada modo de conducción, y que, indistintamente, se pueden regular a voluntad de forma independiente.

La Frenada

Freno delantero de la Yamaha MT-10 SP

Con las pinzas radiales firmadas por Nissin y unos discos de nada menos que 320 mm, ya habrá dado por sentado el lector que la frenada de esta MT10 se muestra soberbia, lo mismo que el empuje de su motor. Pero además de ello, la moto se siente con una pisada firme y rectilínea, por muy exigente que resulte la frenada, manteniendo la verticalidad como si fuera emparedada por los laterales, y tendiendo a levantar el tren trasero cuando estamos haciendo una apurada de circuito. En ese preciso momento nos vienen que ni al pelo las concavidades del depósito para agarrarnos con las piernas y mantener el cuerpo lo más atrás posible.

A la frenada del conjunto con discos y pinzas se añade la retención del cuatro cilindros derivado de la R-1, con la sensación de actuar algo así como un freno-motor de carreras. Por otro lado, el embrague antirrebote, con una actuación que apenas si se percibe, remata la capacidad de retención de esta MT-10, que puede conseguir una frenada, sencillamente, hasta donde seamos capaces de llegar.

En la autovía

Ergonomía de la Yamaha MT-10 SP

Ciertamente, las nakeds no son las mejores motos para transitar por la autopista; tan obvio que sobra apuntarlo. Sin embargo, autovías y autopistas resultan a la postre las vías con más kilómetros transitados; por ello puede ser interesante ver qué se puede hacer con esta tremenda moto desnuda en semejante escenario.

Lo cierto es que, al igual que percibes un conjunto compacto jugando de curva a curva con la MT-10, en la autopista te sientes ensamblado a ella, gracias a esa marcada ergonomía del depósito, no sólo con sus laterales, también con la prominente chepa a la que eleva su tapón, y con la extensión que abre su breve carrocería en los flancos del radiador, toda una curva inmensa plantada en el frontal.

Además, para estas travesías que guardan en la mayoría de las ocasiones una velocidad constante, cuenta también con un control de crucero. Pero, en cualquier caso, existe una versión tourer, con una pantalla más elevada que la visera colocada sobre el cuadro de la versión estándar, y otros añadidos que hacen más adaptable al viaje este auténtico pepino con manillar plano. Además de ello, viene también equipada con maletas laterales, protectores para las manos, un asiento más confortable y soporte para el GPS.

En el día a día

La imponente planta de la Yamaha MT-10

La electrónica hace maravillas para domesticar lo que podría ser una bestia indómita encerrada en un chasis, y hacerla lo más llevadera posible en los trayectos diarios que cruzan la ciudad, incluso de cabo a rabo. Al igual que ocurre con la lluvia, la propia entrega del tetracilíndrico, dosificable al milímetro, nos permite movernos con soltura y precisión entre la vorágine del tráfico, independiente del modo A, B o estándar, que hayamos seleccionado. Sí es conveniente, desde luego, ajustar el B, por su entrega más atenuada y su curva menos agresiva, no sea que la abstracción con las tareas que nos esperan al llegar el trabajo, o las domésticas de vuelta a casa, tomen demasiados recursos de nuestra concentración y caigamos en algún descuido.

A la hora de movernos entre el tráfico más denso, tan solo hay que tener en cuenta su radio de giro, más amplio que el de cualquier scooter, desde luego, y que el de muchas motos más pequeñas, una magnitud que viene determinada por la obligada anchura del chasis a la altura de la pipa de dirección.

 

La MT-10 SP

La Yamaha MT-10 SP posando en FK1

También dispusimos para esta prueba de la versión Sport Production, que se distingue fácilmente por sus colores azul y plata. Como su nombre indica, la MT-10 más deportiva, en la que destacan sus suspensiones Ohlins de control electrónico. Puedes seleccionar en la pantalla integral, también exclusiva de esta SP, uno de los dos modos que ofrece, y a partir de ese momento, un telemétrico liliputiense irá poniendo a punto la MT-10, operando sobre la SCU (Unidad Control Suspensiones), para ajustarla a las aceleraciones, frenadas y demás.

Por otro lado, si quiere ser el propio motorista quien quiera hacer un ajuste calibrado de sus suspensiones, no tiene más entrar en el correspondiente submenú y regular los tres parámetros convencionales, compresión, extensión y precarga, al modo y manera que si fuera haciendo clics sobre una suspensión de ajuste mecánico.

La MT-10 SP en circuito pequeño

Paso por curva de la Yamaha MT-10 SP

Una pista del nacional de supermotard, con 1.500 metros de cuerda, puede resultar, en principio, un auténtico chiscón para un aparato que supera los 160 CV; sin embargo esa destacable manejabilidad, la extraordinaria soltura y la llamativa facilidad con la que esta naked hace un bloque con el motorista, nos animó a llevar a cabo este particular test en nuestro habitual circuito de cursos y pruebas, el FK-1.

Y nos pusimos a la faena, con la primera sensación como protagonista que ya habíamos previsto, más que intuido, en nuestros test por carretera de curvas. Sí, hablamos de una entrada en el viraje, de un giro, rápido, contundente y sin duda preciso, que invita a dejar correr la MT-10 a lo largo de cada viaje, directamente, desde la primera vuelta. El trazado de FK-1, por su retorcida idiosincrasia, censura el gas hasta llevarlo abierto solo con la punta, algo que una pura sangre llevaría como un freno represivo entre las quijadas, sobre el mismo límite de desbocarse.

En el vértice de un viraje con la Yamaha MT-10 SP

Después, la sensación de fluir por la pista en un placentero balanceo, confirmó definitivamente nuestras sospechas previas de que la MT-10 resultaría una auténtica delicia sobre un trazado que algunos pilotos emplean para trabajar el físico, directamente sobre la moto, como un sustituto dinámico del gimnasio.

Pero más tarde, metidos verdaderamente en faena para redondear cada vuelta, el TCS mostró su eficacia con una intervención condescendiente, a base de unos cortes muy medidos, cuando abríamos a fuego en la salida de los dos virajes que permiten la mayor aceleración.

La Yamaha MT-10 SP vista desde una perspectiva inferior.

Por otra parte, la frenada de esta MT-10 SP, contundente y efectiva, como ya hemos apuntado, se mostraba particularmente estable al final de la recta, permitiéndonos meternos, literalmente, hasta la cocina de la curva, para girar a continuación en el mismo límite de la pista, si se desea, y sobre el espacio de una moneda. De ese modo, la MT-10 SP encara la salida casi de frente, con la mano derecha dispuesta sobre el acelerador electrónico, como el percutor de un cañón que te va a catapultar hasta la siguiente curva.

En definitiva, que el futuro propietario de la Yamaha MT-10, tanto en su versión básica, como la SP o incluso la Tourer, podrá permitirse el lujo de hacer unas tandas libres, tras recorrer una ruta hasta los 160 kilómetros que distan, por ejemplo, desde Madrid hasta nuestro circuito de FK-1, u otros de características similares (no todos) que aparecen analizados detalladamente en este especial sobre circuitos para pit bikes y supermotard que ya publicamos.

Mejorable

Escape y disco trasero de la Yamaha MT-10 SP

El cable del embrague pasa por encima de la cerradura de contacto y dificulta tanto la introducción como el giro de la llave. Es un detalle que parece insignificante, pero rechina con la brillante factura general que remata la moto, y que a buen seguro tiene una sencilla solución.

Precios

Versión básica: 15.799 €

Tourer: 16.999 €

SP: 18.399 €

Nuestra opinión sobre la Yamaha MT-10

La Yamaha MT-10 SP con Cristina Alberquilla en acción

Una naked soberbia que guarda dentro de sí la imposible combinación de un auténtico juguete, con la ingenua sensación de manejar algo así como una dos y medio, guardando en su seno uno de los potenciales más sobresalientes dentro del selecto grupo de las súper naked.

Una gran moto, desde luego, que se postula ante sus pretendido propietario con una versatilidad mucho mayor de lo que pueda anticipar tanto su aspecto desnudo y galáctico, como el antecedente de su motor, directamente tomando de la revulsiva R-1. Un tetracilíndrico de configuración crossplane, tratado con una farmacología digital que lo hace apto tanto para el uso cotidiano en la urbe como para su disfrute durante unas tandas libres en un circuito mundialista, de cuando en cuando, a lo largo del año.

La Yamaha MT-10 SP con Ismael Bonilla en acción

Por otro lado, una moto ideal para hacer esa salida dominical, tan preferida y señalada por muchos motoristas para recorrer a placer su ruta de curvas favoritas, con el aplomo, prácticamente, que ofrece una deportiva del máximo nivel, y por tanto con la máxima seguridad.

Una super naked que abre su abanico de uso, dentro de la lógica restricción que impone de por sí un pepino desnudo, a la opción más touring, más rácing o más polivalente.

En definitiva, un abanico de posibilidades que lleva su uso más allá de lo que pueden hacer presumir tanto su aspecto como sus imponentes prestaciones.

*Con nuestro agradecimiento a Fotos NEGAMI por sus imágenes cedidas para ilustrar este reportaje.

 

 

 

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