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Kawasaki Z900RS, el espíritu del pasado en el presente

Kawasaki Z900RS, el espíritu del pasado en el presente

Dicen que los olores y la m√ļsica guardan la m√°gica capacidad de trasladarnos en el tiempo y en el espacio al instante. Y as√≠ es: seguro que el lector ha vivido alguna de estas experiencias astrales que le arrancan por momentos del presente. Tanto es as√≠ y tal es su poder, que novelistas y dramaturgos las han utilizado tradicionalmente como recurso para insertar en sus obras cualquier cambio rotundo de escenarios temporales.

Una moto de ayer con tecnología de hoy, Kawasaki Z900RS

Pero aparte de estos dos elementos que afectan al sentido del o√≠do y del olfato, existen tambi√©n otros que entran directamente por la vista para provocar exactamente el mismo fen√≥meno. Y si no, no hay m√°s que observar con detenimiento el col√≠n plano y recortado en curva que remata de esta Z900RS por detr√°s; su asiento con la tapicer√≠a listada como un costillar, sus dos relojes de contorno cromado, su manillar, ba√Īado en el mismo metal, las aletas del bloque, simulando la necesidad de un flujo que sobra al motor, y sobre todo el dep√≥sito de 17 litros, expandiendo su voluptuosidad en una panza vista desde arriba, desde el conductor, y en una l√°grima contemplado de perfil. Eso, por no hablar de unas llantas en aluminio que figuran la imagen de los radios tradicionales. Toda una composici√≥n de otro tiempo.

La Kawa Z900RS con escape Akrapovic

As√≠ resulta imposible amarrarse al presente, resistirse a la m√°gica fuerza de esta Kawasaki Z900RS (12.999 euros) que nos traslada a la segunda mitad de los setenta, a√Īos en los que la primitiva Z900 era‚Ķ Um.

¬°C√≥mo podr√≠a ahora trasladar ahora al lector m√°s joven el impacto que provocaba aquella majestuosa belleza en cualquier motorista espa√Īol de entonces!

Paso por curva de la Kawa Z900RS

Bien. Voy a intentarlo mediante una fórmula desde luego poco usual. A ver si es posible. Vayamos con el prólogo:

Aquella Z900 de La Transici√≥n era una moto tan soberbia como inalcanzable;¬†un modelo que superaba con creces los 80 CV, algo inabarcable incluso para los m√°s apasionados de la √©poca, que se sobrecog√≠an con la rueda levantada de una Ossa Yankee (58 CV), la deportiva por excelencia en la Espa√Īa de aquel momento.

Así era la Kawasaki Z900 de 1.976

La Z900, e inmediatamente después, la Z1000, representaron el tótem de la moto que figuró como protagonista en películas de culto como Mad Max, con su legión de maleantes postnucleares, cogidos a los manillares de cinco piezas, parapetados tras los semicarenados de inspiración Rickman para enfrentarse al primer pepino puesto al servicio de La Ley: la Z1000 de El Ganso.

Aquel modelo representó un tiempo breve al que ahora, por mucho que haya pretendido resistirme, me ha trasladado esta Kawasaki Z900RS del siglo XXI mientras observaba sus líneas descansando en mi garaje. Me ha colocado al instante junto a la Z900 que un privilegiado como mi primo Arturo poseyó en una época durante la que babeámos con la Zundapp de 50, de refrigeración líquida y batería, que conducía el aprendiz de un supermercado andorrano.

El Ganso sobre la Z1000 policial de Mad Max

La Z900 de mi primo daba rienda suelta a la inconsciencia más temeraria -la suya y la mía, a fe que no sé cuál era peor-, una inconsciencia propia de la edad que vivíamos en los albores de nuestra juventud, unas cuantas décadas atrás, dentro de un país sumergido en una transición que nunca se ha acabado de comprender. Una inconsciencia que nos llevaba a vivir experiencias insólitas, insensatas y casi surrealistas, que no tienen cabida en nuestra mentalidad de hoy día, y que por supuesto provocan la repulsa más absoluta de ese control totalitario que, con su empalagoso moralismo, ejerce la corrección política sobre todo lo que se dice, se escribe y se piensa en el presente.

Imponente estampa de la Kawasaki Z900RS

Con el permiso del lector, paso a continuación a relatarle, como fórmula descriptiva y como puesta en situación, una de aquellas fechorías, esperando que su condescendencia la deje prescrita con los ocho lustros que han transcurrido desde que se cometiera.

Encima de la Kawasaki Z900RS

Corr√≠a cualquier d√≠a de verano, all√° por el a√Īo de vaya usted a saber cu√°ndo, en la segunda mitad de los setenta. Mi primo Arturo hac√≠a una escapada estival, una de tantas nocturnas, hacia alguno de sus rincones playeros favoritos. Sal√≠a de su casa, sita en una barriada se√Īorial en la parte oeste de la ciudad, llevando puesto como equipo el barbour de lona engrasada, con sus escasas pertenencias repartidas por sus Vista longitudinal de la posici√≥n que ofrece la Z900RSbolsillos; porque, ¬°qu√© cosas!, aquella Kawa de los setenta, al igual que la Z900RS de ahora, no ofrec√≠a m√°s espacio bajo el asiento que el justo para guardar una tarjeta de visita, si bien es verdad, eso s√≠, que en la actual encontramos una¬†pr√°ctica toma de corriente.

Mi primo Arturo surcaba las calles cogido al manillar de aquella soberbia Kawasaki mientras se sentía envuelto por la templanza nocturna, toda una incitación para un quemado irremediable que retenía sus ínfulas de pretendido piloto entre plazas y avenidas…

Pero, pero‚Ķ, disc√ļlpeme el lector, porque resulta que ahora, relatando el arranque de este disparate trasnochado, se me evoca¬†el presente sin querer, y no puedo evitar describir c√≥mo es la sensaci√≥n de control, sencillamente absoluta, que transmite la posici√≥n que ofrece la moderna Z900RS.

Del manillar, ancho como el de una trail, se podría decir que es el patrón que marca la colocación del resto del cuerpo. Con los pies situados más bien abajo, sobre el punto medio de la moto, y con el trasero ciertamente adelantado, para el asentamiento general que siguen las nakeds actuales, resultaría que finalmente nos sentiríamos conduciendo sobre una postura trail, si no fuera por la peculiar altura del asiento (835 mm), situado casi a ras del depósito, tal y como iba montado sobre la primitiva Z900. Lo cierto es que la RS actual toma como base la naked z900 que ya hemos probado, todo un aval de efectividad, al que se ha retocado su motor de 948 cc para modelar la potencia sobre unos prácticos 111 CV y para rebajar 1.000 rpm el régimen al que se alcanza el par máximo.

El aplomo de la Kawasaki Z900RS

Con el cambio tan suave como preciso, el embrague para manos de pianista y esa entrega del motor, unida a la sensación de dominio total que ofrece, la Z900RS se presenta como una moto muy dócil para manos poco expertas, además de resultar una verdadera delicia enfangada en una tarea tan engorrosa como la de callejear.

El trámite de la autovía con la Kawa Z900RS

As√≠ deb√≠a de sentirse mi primo Arturo aquella noche, disfrutando mientras callejeaba en solitario para atravesar la ciudad y tomar el tramo de autov√≠a, con su correspondiente tedio, a la espera de la retorcida subida que ascend√≠a hasta la √ļnica cima del trayecto que iba a recorrer en aquella escapada.

Relojes cl√°sicos de la Z900RS

Deb√≠a de vivir un momento sin duda aburrido, sujetando en buena medida sus √≠mpetus, frenados por una aerodin√°mica tan carente como que la √ļnica protecci√≥n que pod√≠a resguardarle del viento era su propia silueta acoplada a la moto desnuda‚Ķ

Disc√ļlpeme de nuevo el lector, pero es que en este punto he tenido que recordar por fuerza que es as√≠, exactamente, como se siente la moderna Z900RS en la autopista, transmitiendo el impacto de una naked pura, con una exposici√≥n absoluta al viento y sin contar ni siquiera con la m√≠nima protecci√≥n que ofrecen otras naked actuales, con chepas y solapas sobre el dep√≥sito, o con una escueta carrocer√≠a abajo, que arrancase desde los flancos del radiador.

Depósito con panza y forma de lágrima de la Kawasaki Z900RS

Nada. Con la Z900RS, las sensaciones son las m√°s intensas y el impacto del viento es total. No hay otro abrigo que el que busques¬†t√ļ mismo arrug√°ndote y encorv√°ndote. Por eso Kawasaki, con muy buen criterio, ha acortado la sexta. ¬ŅPara qu√© una moto que puede alcanzar los doscientos y pico, si te va a arrancar los hombros en la autopista alemana? De esta manera, con el par motor muy abajo y la entrega casi el√©ctrica que transmite, se puede conducir la Z900RS durante largos tramos urbanos, e interurbanos, pr√°cticamente sin dejar esa marcha. Si adem√°s de ello, nos molestamos m√≠nimamente en mantener activo el testigo del econ√≥metro, lograremos un consumo √≥ptimo para alcanzar los 400 km de autonom√≠a.

Retomemos el relato.

Escape completo Akrapovic para la Kawasaki Z900RS por poco m√°s de 900 euros

En mojado con la Z900RS

Pues así viajó mi primo por la autopista durante largos minutos, que probablemente se le hicieron eternos, hasta que por fin llegaron las curvas. Allí dio rienda suelta a sus ansias, a punto de dejarse  el cromado de los escapes en cualquiera de los ángulos que reviraban el trazado…

Con la Z900RS trazando en mojado

Y es que, abusando de la paciencia del lector, no puedo dejar de subrayar en este momento del relato que, a esta colocación de control absoluto sobre la Z900RS actual, se une el soberbio aplomo que transmite todo el conjunto ciclo, tanto su chasis y su basculante como sus suspensiones con la horquilla regulable, creándonos de este modo una sensación de seguridad que va mucho más allá de lo que pueda presumirse en un principio.

La belleza que exhibe el frontal de la Kawasaki Z900RS

Tanto es así que, conduciendo en mojado, me sorprendí a mí mismo ejecutando unos cambios de dirección tan rápidos que terminé por encender una seria advertencia dentro de mi cabeza para recordarme que conducía bajo la lluvia, y que me la estaba jugando si continuaba tirando la moto con esa contundencia. También es verdad que contaba con la salvaguarda que ofrece el control de tracción, desconectable y con dos niveles de actuación, al que tuve ocasión de poner contra las cuerdas al rodar sobre la franja empapada de un paso de peatones. Conducía con el nivel 1, y la rueda resbaló lateralmente lo justo para advertir, sujetándose a un piso tan infame en la fracción de segundo siguiente.

Pero continuemos con la narración que habíamos interrumpido.

Escape original de la Kawasaki Z900RS

El pasajero en la Kawasaki Z900RS

Mi primo coron√≥ la breve subida, para cruzar una discreta poblaci√≥n que se extend√≠a sobre ella, hasta encontrar su √ļnico sem√°foro encendido en rojo.

Allí, detenido sobre su línea mientras recuperaba el resuello tras la excitación, su mirada se topó a la derecha, entre luces y sombras, con una figura compuesta. Era una muchacha de ingenua sonrisa y ato rutilante a la espalda. El resplandor dorado de su melena formaba entorno al rostro un halo angelical que enmarcaba su mirada implorante. Su brazo alargado y su pulgar extendido en horizontal servían como estandarte a su nómada intención, y justificaban su situación allí, en el arcén de la carretera, plantada a esas horas de la noche.

Asiento con tapicería listada de la Kawasaki Z900RS

Bast√≥ una simple pregunta de mi primo Arturo para que al instante siguiente la joven se acoplase en el asiento trasero, con la mochila a cuestas y sin casco, por supuesto. No es de extra√Īar, por otra parte, que la muchacha reaccionara con un plus de entusiasmo, dada la amplitud y la comodidad que ofrec√≠a la plaza trasera de aquella primitiva Z900, las mismas que encontramos en la RS de nuestro reportaje. Un verdadero lujo hoy d√≠a, y nada que ver, en absoluto, con su hermana de cat√°logo, la Z900 a secas.

Volvamos a la escaramuza nocturna de mi primo.

La Kawasaki Z900RS en la pista de FK-1, Villaverde de Medina, Valladolid

La Z900RS, corazón de Z-Cup

La luz verde abrió la marcha para la ocasional pareja, y apenas había puesto la segunda, la hechura menuda y delgada de la muchacha, junto con su acoplamiento, mochila incluida, resultó para mi primo tan natural como si se le acabaran de poner una chaqueta, olvidándose por completo de que su Z900 llevaba pasajera, con la euforia de quemado ardiendo en su interior.

Así Arturo recorría las eses de la bajada con la joven detrás, tirando la moto sin contemplaciones a la entrada de cada viraje, tumbando hasta sentir el asfalto cerca de la cara en cada paso por curva y abriendo el gas al máximo en cada salida. Pura aceleración entonces sobre una cuatro cilindros…

El 4 cilindros de 948 cc de la Kawasaki Z900RS

Pero tengo que abusar nuevamente de la condescendencia del lector, disc√ļlpeme otra vez, aun a riesgo de resultar pesado; pero es que debo de explicar que, sea como fuere, la pisada de nuestra RS actual se siente rotunda en el paso por cualquier curva, de cualquier radio, a cualquier velocidad e incluso con el firme rizado u ondulado.

Por otro lado, también es cierto que esta Kawasaki neoclásica da la impresión en los primeros giros de resultar algo perezosa a la hora de entrar en cada viraje. Podría pensarse así sin más, desde luego, pero si profundizamos un poco en esta reacción, nos daremos cuenta de que se ofrece como una forma graduada de virar para meternos en la curva, regulándola a nuestro gusto con el extraordinario brazo de palanca que puede ejercer ese manillar de generosa envergadura.

La Kawasaki Z900RS en acción sobre la pista de FK-1

Y ya que hemos hecho este nuevo inciso, con el permiso del lector, aprovecho para apuntar que la frenada corre por cuenta de unas pinzas monoblock con cuatro pistones, que muerden dos discos semiflotantes de 300 mm, y que no tienen nada que ver, ni en el infinito, con el arcaico conjunto que trataba de parar, a duras penas, aquella bestia de los setenta.

La frenada de la actual Z900RS es contundente, precisa y progresiva. Suave en la retención de un semáforo, lo mismo que rotunda en la apurada de frenada dentro de una pista, tal y como tuvimos ocasión de comprobar en nuestro circuito habitual de FK-1 .

Con el asfalto h√ļmedo de FK-1 sobre la Z900RS

En cuanto a la inclinación máxima, ciertamente se ve limitada por la altura de las estriberas, así como por esa sensación de ir encima de la moto y no dentro, envuelto por ella, como ocurre en la Z900 o en la preparación para la Z-Cup que también probamos en carrera.

No es una moto ni pensada ni siquiera insinuada para el circuito, desde luego que no, aun as√≠, dentro de √©l muestra la casta de las Kawasaki de siempre, pretendiendo ser tradicionalmente las japonesas m√°s ca√Īeras, con lo que la sensaci√≥n llevando el cuerpo fuera de su estructura, tanto en seco como en mojado, representa toda una invitaci√≥n a tumbar y tumbar. Sus genes no pueden evitarlo, aunque como dec√≠amos, √©se no sea su escenario m√°s natural.

Pero volvamos al relato veraniego que traíamos entre manos.

Aspecto frontal que ofrecen los relojes cl√°sicos de la Z900RS

La Kawasaki Z900RS de noche

As√≠, de esa forma tan quemada, mi primo Arturo cubri√≥ el breve y retorcido descenso, para encarar a continuaci√≥n una serie de rectas con toboganes, que manten√≠an a√ļn cierta pendiente en bajada. Sobre ellas¬†buscaba la velocidad m√°xima, sin otra luz que la de aquel foco arcaico que montaba su Kawa taladrando la c√°lida oscuridad‚Ķ

Faro neoclásico, con tecnología led, de la Kawasaki Z900RS

Ay, pero, amigo lector, amigo lector… Al conducir ahora esta Z900RS de noche por una carretera completamente a oscuras, nos sorprenderemos gratamente, más aun si somos veteranos y no hemos reparado en el interior de la óptica frontal.

¡Cómo hubiera visto mi primo Arturo aquel tramo recto de carretera, si hubiese dispuesto de la tecnología led que monta el faro actual! Es posible que no hubiera vivido la terrible experiencia que terminaremos de relatar a continuación.

Kawa Z900RS, detalle de la aleta delantera

El faro de la Z900RS, con su obligatorio aro cromado, representa un auténtico estandarte de la filosofía neoclásica. Su aspecto vintage no predice la notable luminosidad que proyecta. Además de ello, al pulsar el interruptor para cambiar a la de carretera (la larga), realmente no conmuta con la de cruce, sino que se superpone, con lo que el resplandor se extiende y se intensifica sobre la carretera para conducir disfrutando de una luz superlativa.

Doble disco de 300 mm con pinzas monoblock y horquilla invertida regulable para la Kawasaki Z900RS

Pero retomemos, retomemos de nuevo el relato con la luz de la Kawa primitiva.

La Z900RS, una moto de antes ahora

En una de las rectas más estables, mi primo Arturo permanecía concentrado, agarrado al manillar, con el pecho acercándose al depósito y la cara sobre la aguja del velocímetro, que titilaba en ese momento sobre los 200. Una mágica cifra que, tras la pantalla del casco, esbozaba su sonrisa rebosante de una eufórica satisfacción.

Pivote para amarrar el equipaje en la Z900RS

Pero mientras su Z900 surcaba la noche como un avión sin alas, Arturo no se percataba de cómo la oscuridad aumentaba el efecto vertiginoso de su ritmo envenenado, y la realidad que transcurría en aquel lapso quedaba flotando dentro de su cerebro embriagado por un diabólico frenesí. En plena efervescencia de aquel momento excitante, no alcanzó a ver con suficiente margen la rampa que se levantaba de repente en el frente y que culminaba en un cambio de rasante demasiado prematuro.

Espejo cl√°sico de la Z900RS

El efecto de la física resultó contundente. La velocidad era tan desmesurada que aplastó las suspensiones de la Kawa contra una pendiente que escaló en un parpadeo, durante el que la autoestopista continuaba desaparecida por completo de la consciencia de mi primo…

Pero, perd√≥n, perd√≥n. Aludo de nuevo a la benevolencia del lector, disc√ļlpeme porque otra vez debo interrumpir el relato, seguramente result√°ndole inoportuno, pero es que necesito expresarle c√≥mo ahora miro esta Z900RS de 2.017 y me siento igual que si estuviera delante de la moto de mi primo Arturo, como si viviera otra vez en 1978.

Detalle del aleteado con simulación de refrigeración por aire en el bloque de la Z900RS

Y es que debo de confesarle que relatar aquella escena no me est√° suponiendo ning√ļn esfuerzo, en absoluto, que tan s√≥lo tengo que mirar a esta neocl√°sica cedida por Kawasaki para revivir el d√≠a siguiente a aquella experiencia, cuando mi primo me la describ√≠a, a√ļn con el coraz√≥n encogido por el p√°nico que vivi√≥ en aquel momento.

Logo en la tapa lateral de la Kawasaki Z900RS

Si es verdad, tambi√©n, que otra cosa bien diferente es subirse a esta Z900RS, arrancarla e iniciar la marcha. Aun as√≠, la caligraf√≠a de los setenta que escribe los n√ļmeros contenidos en sus relojes, los espejos redondos a trav√©s de los que controlamos con amplitud nuestra retaguardia, las pi√Īas minimalistas, clavadas a las de la Z900 de los setenta -excepto por el discreto selector del men√ļ electr√≥nico- e incluso el titanio del escape Akrapovic, montado como extra (918 euros) en la unidad de prensa, mantiene la armon√≠a vintage del conjunto; y su sonido, aunque obviamente m√°s discreto, recuerda a los silenciosos cortos y abiertos que montaban los franceses invasores de nuestras carreteras norte√Īas.

Y bien. Ya está bien. Ya, sin más interrupciones, palabra, sin más intrusiones, paso de nuevo al relato para darle continuidad hasta su desconcertante desenlace. Ahí va:

Detalle del radiador que monta la Z900RS

Un disparate con la Z900 en plena Transición

En el instante de coronar aquella rampa diabólica, las dos ruedas de la Kawa despegaron comprimiendo el diafragma de un Arturo que alcanzaba su máxima excitación mientras se sentía catapultado por encima del vacío, ¡con la aguja del velocímetro completamente tumbada!

Pero en medio de aquel √©xtasis velocista, sinti√≥ un golpe inesperado sobre la espalda. Lo percibi√≥ como un reclamo desesperado de atenci√≥n, aunque, en realidad se trataba de la propia gravedad, jugando a hacer locuras con la figura de la muchacha, que a√ļn se manten√≠a atr√°s como pasajera.

Callejeando con la Kawasaki Z900RS

La fuerza del impulso elevó el vientre de la joven en un brinco acrobático, hasta colocarse sobre la coronilla del Climax que cubría la cabeza de mi primo. La sintió doblándole el cuello justo un instante antes de recibir de cara un impacto espeluznante, con el que quedaba oculto todo el frente mientras volaban a una velocidad en el límite de la realidad.

¬°LA MOCHILA!

Arturo recibió una terrible punzada en los extremos de todos sus capilares, tan aguda que por un momento los sintió estallar. El terror le paró el corazón.

Sin embargo, a√ļn hoy d√≠a, cuarenta a√Īos despu√©s, no es capaz de explicar qu√© extra√Īo fen√≥meno fue el que le sac√≥ de aquella terrible par√°lisis. Tal vez fue su propia temeridad de quemado, tal vez su insensatez juvenil. Qui√©n sabe.

Perspectiva de tres cuartos en marcha de la Kawasaki Z900RS

La cuestión es que al fotograma siguiente de aquella pavorosa secuencia, su mente recuperó una lucidez instantánea, reaccionando con un manotazo tan enérgico que apartó la mochila del frente en un instante. Así retomó la concentración sobre lo que alcanzaba a ver tras el faro de su Z900. Después de un eterno segundo sobre la ingravidez, la Kawasaki tomó tierra de nuevo y la autostopista volvió a colocarse sobre el asiento de una forma tan inmediata como milagrosa.

Captadiópticos lateral de la Z900RS

Pero a√ļn no hab√≠a conjurado el peligro, ni much√≠simo menos. Muy al contrario, esa conjunci√≥n de impactos comprimi√≥ la amortiguaci√≥n en un chasquido de dedos, hasta sentir c√≥mo ced√≠an, e incluso se retorc√≠an, aquellos tubos finos y de secci√≥n redonda que compon√≠a el chasis. De esa forma, se producir√≠a¬†un shimmy espantoso que llevar√≠a la moto de un lado al otro de la carretera.

Perspectiva cenital de la Kawasaki Z900RS en marcha

Sin embargo Arturo pudo todav√≠a sujetar los nervios templados gracias a ese ins√≥lito fen√≥meno que le devolvi√≥ el dominio de s√≠ mismo. Mantuvo la concentraci√≥n, con toda su fuerza mental, clavando la mirada en el fondo a oscuras de aquella recta ondulada, como si no existiera otro camino en su vida, como si no hubiera otra direcci√≥n en El Planeta, mientras aguantaba el pu√Īo derecho enroscado, sin aflojar ni una micra el gas, para impedir que la moto terminara desband√°ndose por completo.

Acelerando a fondo con la Kawasaki Z900RS en la semi oscuridad

La aterradora oscilación, con la Z900 sin control sobre la carretera, fue atenuando su fuerza a lo largo de la recta  y de unos segundos que transcurrieron como horas para mi primo, y que acarreaban la mitad de su vida, sumándolos a los instantes anteriores.

Por fin aquella Kawa recuperó la trayectoria, aplomando definitivamente su marcha. Fue entonces cuando Arturo pudo liberar el suspiro que había quedado atrapado en su pecho por el mero efecto de la petrificación.

Imponente planta de la Z900RS con los colectores de titanio Akrapovic en primer término

Al parar en el pueblo donde se apear√≠a la autostopista, el insensato de mi primo esperaba un afilado silencio, con mirada de soslayo incluida como despedida, o tal vez un gru√Īido de condenaci√≥n. Pero para su sorpresa, la joven se baj√≥ de la Z900 con una sonrisa exultante, y lo dej√≥ at√≥nito con un comentario ins√≥lito:

¬°Ha sido incre√≠ble! Nunca hab√≠a montado en moto, y ahora entiendo por qu√© siempre me han dicho que es s√ļper excitante.

 

 

 

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