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Aprilia Caponord 1200 Rally: La Meca de los Tragamillas

Aprilia Caponord 1200 Rally: La Meca de los Tragamillas

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El Cabo Norte es el destino indispensable para el currículum de cualquier viajero motorista. El Cabo Norte: La Meca de todos los tragamillas. Si no has ido a El Cabo Norte, no tienes lugar ni tu opinión valor alguno en un coloquio de ruteros expedicionarios. El Cabo Norte es el destino indispensable para empezar a hablar de la Gran Travesía, como objetivo de los motoristas que albergan dentro de sí un espíritu explorador, soñando con dar rienda a sus sueños más aventureros.

 

Así, cuando iba a mi encuentro con esta Aprilia, mis pensamientos no seguían mis pasos, sino que iban mucho más allá, perdidos en la lejanía para centrarse en el extremo más septentrional del continente y en la larga ruta que lleva hasta él como prólogo, como primera lección para los grandes viajeros de La Moto. De ese modo, mi imaginación volaba para atravesar los pasajes de la aventura viajera hasta imbuirme en el personaje del motorista explorador, hasta sumergirme en una actitud expedicionaria, preparada para la gran travesía. Y mientras me acercaba al punto de recogía, mi fantasía me llevaba sobre esta Aprilia Caponord Rally a lo largo de un recorrido infinito sobre los terrenos más variados, cruzando los parajes más variopintos, surcando los territorios más inhóspitos, también, las regiones más exóticas para alcanzar finalmente los rincones más apartados y solitarios, los más ignotos de El Planeta. Así pues recordé las palabras y los pensamientos de los grandes viajeros; traje de la memoria mis charlas con Alicia Sornosa, mis entrevistas con Gustavo Cuervo o mis encuentros con Fabián Barrio y, desde luego, la apasionante conversación que mantuve con Miquel Silvestre, por ser el último de los exploradores de referencia con el que he hablado, para impregnar mis sentimientos con toda la esencia de la trashumancia sobre dos ruedas.

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La nueva Caponord es mucho más polivalente

Y así, embelesado sobre esa nube de ensoñación, aterricé en el punto de recogida de esta Arpilia Caponord Rally. Sin embargo, lo que me encontré resultó tan rotundo y concluyente que me colocó de inmediato sobre la realidad cotidiana de cualquier mortal, de cualquiera de esos individuos con la vida encriptada por la sociedad en una secuencia anónima e interminable. Sí, lo cierto es que me encontré con una moto que plantea a su comparador una propuesta mucho más amplia, más versátil, y desde luego mucho más prosaica que la mera invitación a explorar, incluida en cualquier guión previo sobre la prueba de una maxitrail. La Caponord Rally, desde luego, se presenta como una moto ideal para recorrer las planicies de Mongolia, lo mismo que el interior australiano, o para alcanzar la falda de un lugar bíblico, como pueda ser el mismísimo Monte Ararat, y detenerse a contemplarlo junto a su ladera en una actitud trascendental, siento que uno está mucho más cerca de El Cielo. Pero esta maxitrail de Aprilia también se muestra como una moto muy válida para el día a día, con una facilidad de movimientos entre el tráfico que resolverá nuestro trayecto urbano de todos los días mostrando una mayor soltura y una facilidad que supera a la de algunas super Naked del mercado, gracias a un radio de giro más próximo al trial que a una moto tan grande y con todas las pretensiones viajeras que se nos ocurran. Pero es que, además de ello, la Caponord Rally nos ofrece una diversión a la altura de la mejor deportiva en esa salida matutina y dominical con los amigos, tan extendida entre los motoristas.

Pero al detalle todas esas posibilidades que nos ofrece esta maxitrail de Aprilia, sobre todo desde detrás de su manillar.

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La posición

Es trail, por supuesto, y la altura del sillín es elevada por pura necesidad, sin embargo, no se encuentra entre las trail adventure más altas. Se aprecia sin ni siquiera subirse a ella; pero al hacerlo, descubrimos las estriberas un punto más retrasadas de la posición que podríamos considerar “de libro” para esta categoría, y muy posiblemente este detalle marque el sello de identidad de la Caponord de esta prueba, porque, a pesar de tratarse de la Rallye -la versión con llantas de radios y defensas- se puede decir que es la maxitrail más asfáltica del mercado; y eso se siente en cualquiera de los modos del motor, combinados con el tarado de las suspensiones que busquemos seleccionando entre todas las posibilidades electrónicas que nos ofrece. Se trata de una cuestión de carácter, o, si se quiere, de genética. Y seguramente la nota más evidente e inmediata ese carácter la encontraremos, después de ubirnos, en la forma en la que la Aprilia Caponord sale catapultada con el golpe de gas, sacando la moto de una buena inclinada, incluso con dos plazas, soportada en un apoyo deportivo.

Un bramido ronco y seco

Otra nota evidente e inmediata de ese carácter, unida a ese empuje, que se siente en cada pistonada como el repique continuo de una batería antiaérea. Una percusión que resulta sencillamente embaucadora. Una licencia excitante, en una moto de orientación viajera donde las haya, que ciertamente le aporta una chispa de brabura, por otra parte pienso que ineludible en cualquier modelo de la casta de Noale (tendrán serios problemas de genética el día que se planteen la concepción de una custom…, si es que llegan a ello).

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Fuera de carretera

Antes de pasar a la acción sobre este escenario, hay que apuntar que ese ligero retraso en las estriberas apenas condiciona la posición erguida, puestos en pie sobre los estribos de esta maxitrail, y, por mera concepción, su peso parece aligerarse notablemente en esta posición off road.

Bien. Tan sólo tuve oportunidad de probar la Caponord Rally sobre la hierba mojada, que cubría como una inmensa alfombra verde el campo de La Meseta. Una hierba crecida, con un lustre norteño, que se antojaba como un gigante verde y perverso, dispuesto a divertirse a costa de mi mermada capacidad para el enduro, más aun sobre un aparato tan pesado, calzado con los neumáticos mixtos del guión -en este caso los Metzeler Tourance Next- diseñados para un uso en todos los terrenos, pasando casi siempre con notable alto sobre el asfalto de cualquier tipo y con el aprobado justo fuera de él, y en cualquier caso, bastante lejos de la fijeza que ofrece una cubierta de taco abierto, tan necesario sobre aquella hierba melenuda, empapada como un peinado relamido con gomina. Sin embargo, no adelantemos acontecimientos.

Bien es cierto que el bramido Aprilia que lanza al viento el V2 1200 de la Caponord impone. Impone desde el mismo momento en el que lo arrancas sobre una acera a todo el que pasa cerca, tanto como al propio motorista que se encuentra aún adaptándose a su carácter. Impone, pero en cualquier caso no asusta, porque, a pesar de su empuje compacto y poderoso, su entrega resulta tan dulce como dosificable, algo que en la conducción por campo alcanza el valor del oro, y particularmente sobre la hierba larga y mojada, vital, o, como dicen ahora: “Ni te cuento”.

En una circunstancia tan resbaladiza como ésa, cualquiera de los tres niveles programables del control de tracción hubieran bloqueado el más leve impulso del motor, por muy finos que consideremos nuestro tacto con juego del embrague y el acelerador. Así es que decidí meterme en aquel jardín silvestre con las ayudas electrónicas desconectadas, también dejando fuera de juego el ABS de dos canales, firmado por Continental, y confié la salida de aquel trance al buen pálpito que me había dado el empuje del bicilíndrico con 125 CV, que monta esta Caponord Rally tras haberlo heredado de la Dorsoduro y después de haber sido revisado por Aprilia para afinar una entrega más progresiva en bajos.

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Lo cierto es que logré salvar una prueba tan resbaladiza, sobre todo superando algunas pendientes, recurriendo a un recurso tan poco lucido y tan básico como el de emplear el empuje en el régimen mínimo, justo al mismo límite, los  impulsos de cada pistón, aprovechándolos casi uno a uno, con medio embrague cogido, y el V2 a punto, a punto de calarse. No protestó, no tosió ni se quejó, y los dos pistones, como pucheros de grandes, empujaron con una secuencia tan lenta como la de una custom, logrando que el recurso resultase totalmente efectivo, permitiéndome pasearme, haciendo un suave subibaja con la Caponord sobre las ondulaciones que alfombraba aquella hierba tan verde y de brillo tran traicionero. Por cierto, subrayemos que la cifra del par es de 115 Nm a 6.800 rpm. De todos modos, la Caponord Rally nos pone mucho más fácil navegar por los diferentes tipos de terreno de lo que pueda hacer pensar su empaque, eminentemente rutero, a pesar de sus llantas de radios, y de las 19 pulgadas con las que se alza del suelo la delantera. Y es que el control electrónico tiene menos trabajo sobre esta Aprilia que en otros modelos, ya que la tracción es constante, suave y repleta en cualquier marcha y a casi cualquier régimen. A ello contribuye, aparte del trabajo hecho en la distribución y en la inyección, el desarrollo final, llamativamente largo, que endulza incluso más la entrega del poderoso bicilíndrico.

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En Carretera de Montaña

Después de dejar la hierba empapada, retomé el asfalto a través de una carretera retorcida, que serpenteaba a lo largo de los desniveles de un páramo abrupto. Allí, el bronco bramido del bicilíndrico se dejaba oír como nunca, escalando las paredes de roca que flanqueaban la carretera cada vez que abría el gas sin contemplaciones, con la salvaguarda, esta vez sí, del control de tracción en su nivel sport, Un escenario donde la suspensión electrónica aDD, con intervención semiactiva firmada por SACS, presentó una ventaja extra e inesperada, sobre cualquier suspensión convencional, por muy acertado que se resultase su tarado. Y es que en las retenciones y en las aceleraciones, en un continuo intercambio a lo largo de una ruta tan tortuosa, presentaba una transferencia de carga muy atenuada, apenas apreciable, en aquellos repetidos vaivenes de la inercia. Algo que llevaba la conducción a lo largo de un tramo tan retorcido más allá de la supuesta diversión, convirtiéndola en un verdadero placer, con una sensación de dominio plena. De todos modos, estas suspensiones se muestran, y se sienten, como un recurso eminentemente diseñado para el asfalto que se adapta muy bien para transitar por el campo, pero nunca para hacer enduro, entre otras cosas, porque una maxitrail es una moto de travesía, de gran travesía, por lo que su objetivo es simplemente pasar, y no el de hacerlo sin penalizar en los controles ni el de marcar el mejor tiempo sobre un tramo de tierra encintado.

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La Frenada de la Aprilia

En este escenario la Aprilia Caponord se mostró contundente, sobrada pero también tan dosificable como el empuje de su motor. Muy progresiva en los primeros milímetros de la maneta, para coger cuerpo bajo nuestra mano en los siguientes, haciéndote sentir -a pesar de mediar una suspensión de trail- una conexión directa entre el tacto de tus dedos y la mordida de las pastillas; y es que el equipo Brembo con pinzas radiales M432 y discos flotantes de 320 mm, representa un auténtico lujo en una maxitrail. Todo ese poder de retención se apoya sobre una robusta horquilla, la misma de las otras dos variantes Caponord, con unas barras de 43 mm y con 167 de recorrido. El tacto de la maneta también se siente particularmente delicado y preciso fuera de la carretera, de manera que me hizo mucho más fácil el trabajo en el tramo anterior, con la hierba empapada, sobre la que podía detener la moto con seguridad, a pesar de la continua amenaza de ese resbalón repentino que el verde levantaba sobre mi ánimo como una mano regañona.

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El freno trasero, por su parte, gana más protagonismo de lo habitual con un disco de 240 mm, bien pensado para viajar con la casa a cuestas, además de correspondiente pasaje, por supuesto. De esta forma, la moto cargada ofrece un comportamiento mucho más geométrico, paralela al suelo, a la hora de pararla con tanto peso encima.

Al tomar la autopista

En este escenario tan aburrido, tuve oportunidad observar con detalle la eficacia de los espejos, que juegan un buen equilibrio entre el diseño, la aerodinámica y la buena visibilidad de la retaguardia. También pude apreciar la aerodinámica del conjunto en general, más aun con el azote de una auténtica galerna que sufrí a lo largo de más de 200 kms. El detalle de las maletas, firmadas por GIVI, en el que la marca de Noale ha preferido jugar la baza de la estrechez, con la que ciertamente se corta el viento sin sentir atrás las retenciones que tiran de uno en otros modelos expedicionarios, como maletas de cortes rectors, esquinas afiladas y aspecto blindado. Lo cierto es que con la Caponord Rally se pasa también con sorprendente facilidad entre los coches, en detrimento, claro está, de su capacidad, de manera que no podremos guardar nuestro casco integral dentro de ellas; eso sí, con la facilidad de una apertura lateral al completo, o parcial desde la parte superior, a elegir.

Para rematar este apartado, señalar que la pantalla, regulable manualmente, ofrece una protección suficiente con un tipo de mi corpulencia encima (1,91m-107 kg), con un tamaño que queda dentro de las medidas que debe guardar el segmento de las maxitrail, y que no debe de extenderse, por mero concepto, al de las GTs.

desde arriba

Autonomía nómada

El depósito de 24 litros ofrece una autonomía a la altura de una moto exploradora. Sin abultar sobre el resto de la carrocería como la joroba de un dromedario, muy al contrario, sus formas ofrecen una acogedora ergonomía a nuestras piernas, poniéndolas al abrigo del viento casi por completo, y desde luego mucho más de lo que aparenta antes de subirnos a la Caponord. Esta autonomía se ve beneficiada por ese desarrollo, tan alargado tratándose de una trail, que lleva la sexta en ruta a un ritmo pausado, casi contemplativo del motor, dentro del límite de velocidad en autopista. Por último, señalar que los 24 litros representan un peso contenido, moderado para comprometer lo menos posible la conducción off road, al ir situado en un emplazamiento tan elevado, más incluso en el caso de una trail.

Detalles

El menú y acceso digital a los distintos modos de comportamiento y configuración de entrega de potencia, control de tracción, etcétera, ciertamente resulta poco intuitivo, aunque da la impresión de que este matiz corresponde a una forma de ser, o a un estado de ánimo de nuestros primos latinos. En cualquier caso, si finalmente la Caponord va a ser tu moto, te costará un par de días operar sobre él de una forma automática, sin ni siquiera pensarlo.

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Por otro lado, la variación de unas opciones a otras se aprecia a nivel de matiz en las entregas de la potencia para seco, mientras que se hace mucho más sensible en cuanto a los diferentes tarados de suspensión electrónica (comprobar si es activa).

Las luces auxiliares resultan un elemento obligado en una moto exploradora. En la Caponord Rally, van situadas en un punto estratégico desde que amplían por los laterales el haz de los faros ordinarios hasta alcanzar los sembrados que se sitúan más allá de la cuneta, mientras que quedan lo más al resguardo posible de las caídas con las que hay que contar en cualquier gran travesía. Y hablando de esas caídas, las barras de protección van ceñidas de tal modo a las fibras del carenado que llaman muy poco la atención, es más: según y como se miren a cierta distancia pueden confundirse con líneas pintadas sobre la carrocería.

Precio

16.699 €

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