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Prueba a fondo Guantes Seventy Degrees SD-R30: Todo el tacto con la máxima protección

Prueba a fondo Guantes Seventy Degrees SD-R30: Todo el tacto con la máxima protección

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El patrón de la marca aludía a una hazaña de Marc Márquez durante la presentación de Seventy Degrees a la prensa, que tuvo lugar en la pasada edición del Salón de la Moto de Madrid. Y lo hacía recordando aquella caída salvada por el Chico Maravillas en Brno. Decía la telemetría de la Honda que había llegado hasta los 68º de inclinación en lo que apuntaba a ser el comienzo de un arrastrón, con lo que entonces Marc Márquez fue más allá de lo posible para recuperar el equilibrio de la moto; algo que, como se ha visto después, se ha repetido sucesivamente hasta que llegue un momento, quién sabe, en el que se convierta en moneda corriente.

Bien. Pues utilizando aquella caída salvada como argumento, la marca Seventy Degrees justifica su nombre para decirnos que la línea de su trabajo y de sus productos pretende ir más allá de lo posible en tecnología, en rendimiento y en eficacia.

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Fuera de la mano

Tan sólo con tomar estos guantes SD-R30 en la mano, podemos apreciar en su ligereza, en su tacto, en su factura y su remate un producto de alta tecnología, e invitamos al lector a que repase la ficha técnica que publicamos al final de este reportaje para que se haga una idea, en el plano teórico, de lo que puede ofrecer este producto. En cuanto al lado práctico se refiere, tratará de hacerlo un servidor a través de las pruebas exhaustivas que ha llevado a cabo sobre él.

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Toma de contacto

El primer impulso, por pura inercia, fue el de ponerme estos SD-R30 en el día a día para conducir una moto por la calle, con la pretensión de que fueran adaptándose a mis manos a través del uso por calles y entre esquinas; para que, como se suele decir, “los guantes se hicieran a mis manos”. Crasso error.

Me di cuenta, prácticamente, en el momento de enfundarme los SD-R30 y de agarrar los puños de la moto de calle que iba a conducir. Si eliges correctamente tu talla y te los pruebas en la tienda, sentirás estos guantes como una segunda piel –utilizando una hipérbole muy trabajada-. No tengo una idea formada de cómo encuentra sus manos un cirujano cuando entra en un quirófano; pero me cuesta poco imaginarme que su tacto debe de percibirse –en proporción- al que sentía agarrando, tirando y apretando los puños, las manetas y los pulsadores de la moto que conducía. Para dar una idea, diremos que se detecta perfectamente en la yema de los dedos el granulado grabado sobre la goma de los puños.

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Una adaptación natural

El guante entra deslizándose con una suavidad de lo más natural, y en el momento en el que las puntas de los dedos llegan a su tope, la mano se siente, sin más, perfectamente ajustada dentro de la piel: no es necesario hacer ningún momento, como es habitual en otros casos, abriendo y cerrando la mano varias veces. Después nos basta con cerrar los ajustes sellados con velcro en la muñeca y en el antebrazo para sentir los SD-R30 casi como si formaran parte de nuestra anatomía.

Todo es comodidad, tacto y sobre todo naturalidad. Unas prestaciones que hemos puesto a prueba en pistas tan dispares como puedan ser Montmeló o DR-7, en Tarancón (Cuenca), con motos tan extremadamente distintas como una BMW S1000RR de resistencia y una RAV Naked Moto3 250.

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Maniobras enguantadas

En cuanto a esa naturalidad tan sensible se confirmaba más tarde sobre la moto a la hora de ejecutar algunas maniobras en particular.

Por un lado, no hace falta decir que el tacto sobre el gas es fundamental a la hora de pilotar, aunque ya se habrá hecho una idea el lector de cuál es el rendimiento de los SD-R30 en este sentido, con el comentario sobre el granulado del puño.

Aunque quizá la maniobra más demostrativa sobre el tacto de estos guantes es la de empezar a acelerar, a girar el puño con el canto de la mano que definen el índice y el pulgar, cuando todavía mantenemos alguna presión sobre la maneta del freno. Se trata de un momento particularmente crítico, en el que el tacto gradúa a la milésima el balance entre el giro del puño y la maneta.

Prueba Guantes Seventy Degrees SD.R30 con la mano sobre el gas y sobre el freno
Con la mano sobre el gas y sobre el freno

Otra maniobra, también delicada, es la propia frenada cuando se necesita una sensibilidad bien medida, como la que ofrecen estos SD-R30,  para graduar la presión sobre la maneta, y sentir, además, cómo ella misma nos transmite la mordedura de las pinzas sobre los discos y del propio neumático, con la huella abierta, sobre el asfalto.

De otra parte, el agarre al sujetar la moto en cualquier cabezazo de la dirección se siente firme, con las manos afianzadas como si fueran dos garfios sobre los extremos del manillar. La posible flexibilidad, que se siente como un chicle cuando conducimos con unos guantes grandes o dados de sí, es justamente la sensación que se halla en el otro extremo de lo que transmiten estos Seventy Degrees al agarrar con firmeza el manillar.

En Mojado

Rodamos en DR-7 (Tarancón-Cuenca) con los Seventy Degrees puestos bajo una lluvia fría de otoño. Fueron un par de tandas breves, con no más de quince minutos cada una, durante las que pude comprobar cómo el contacto del guante con la mano se mantenía en las misma condiciones, lo mismo que el tacto sobre los puños y las manetas, que lo hacía, prácticamente, con el mismo grado de sensibilidad que en seco.

En cuanto a la deformación por efecto del agua que se produce en otros guantes de piel, al menso durante esa media corta que rodamos con los SD-R30 no se apreció, en absoluto.

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Prueba en mojado: Circuito DR7

La prueba del Martillo

¡Qué test puede resultar más machacón que unas 24 horas! La resistencia en su estado puro. Sin haber hecho ninguna prueba en circuito y tan sólo con el tacto y la confianza que me habían dado al conducir con ellos durante un breve tramo urbano, tomé estos SD-R30 como esa única garantía de confianza, suficiente para enfrentarme a las 24 Horas de Montmeló en esta pasada edición de 2.017. Entre entrenamientos libres del jueves, libres del viernes (diurnos y nocturnos), los cronometrados, el warm up y los seis relevos de la carrera sumaron un total de casi diez horas netas en pista. 10 horas, como se suele decir, dándolo todo, buena parte de ellas con una temperatura por encima de los 30º y la humedad del Mediterráneo cayendo sobre las máquinas, los pilotos y por supuesto sobre sus manos.

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Arrancando en un relevo de las 24 Horas de Montemló

El primer detalle a señalar es el rendimiento de estos Seventy Degrees con un incómodo invitado como es el sudor. La sensación solidaria del guante con la mano no se pierde por el efecto de la sudoración, en absoluto. El agarre se mantiene con la misma firmeza, y eso pude comprobarlo vuelta tras vuelta en una pista exigente como pocas, en la que una SBK como la BMW S1000RR que pilotaba exige toda la atención y todo el esfuerzo para mantenerla dentro del asfalto, particularmente al encarar, con el neumático en sus últimas vueltas, la subida de la Moreneta, la aceleración en la salida a la recta de atrás o el remate al interminable curvón (curva 3), donde los doscientos y pico CV sacudían la cabeza como un auténtico demonio.

Prueba Guantes Seventy Degrees SD.R30 Ndp_SeventyDegrees_GuantesRacing_38En este sentido, vi a mis compañeros de equipo prepararse las manos para afrontar la carrera; y lo hacían entrelazándose la base de los dedos con una venda a modo de protección para esa parte alta de la palma, frente a las vibraciones durante tantas horas y a los cabezazos de aquella bestia a lo largo de las seis horas teóricas (4 pilotos por equipo) que tendríamos que cubrir cada uno.

Eran mis primeras 24 Horas, y no sé si serán las únicas –pienso que sí-, mientras que mis compañeros, ampliamente más experimentados que yo –no en vano el nombre del equipo era Motocrom+50, con el sumando final en referencia a la edad- con cuatro o incluso seis participaciones, representaban un criterio que de ninguna manera podía pasar por alto; sin embargo, opté finalmente por que me guiara el instinto durante los primeros relevos, tal vez pensando en que no podía perder ni una micra de tacto en beneficio de la protección. Y recordé entonces las manos ensangrentadas de Víctor Palomo al bajarse de aquella Ducati en algunos relevos de las 24 Horas de Montjuich, y su idea posterior, descabellada donde las haya, de inyectarse morfina directamente sobre ellas, para luego perder toda la sensibilidad y tener que parar en el box aterrorizado.

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Prueba durante las 24 Horas de Montemló

En mi caso, acerté. No creo que tenga manos de piedra, porque de ser así, ya me hubiera estrellado bastantes más veces de las que me ha tocado, aunque es verdad que se curtieron con Nortons, Bultacos, Ossas y otras bestias pretéritas; el caso es que al acabar la carrera, no sentía ninguna callosidad, ninguna magulladura ni ninguna molestia llamativa en esas partes de las manos, precisamente, en las que vi vendarse a mis compañeros, y también a algunos pilotos de otros equipos.

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En cuanto a la franja más baja de las palmas de la manos, no sentí dolor, ni ningún achaque al pasar una y otra vez por la terrible frenada del final de la recta, donde llegas a 300 y tienes que poner primera, ni tampoco en la recta de atrás, que te emboca en la curva de La Caixa. Bien es cierto que cada vez que abordaba aquellas dos frenadas, ponía especial atención en agarrarme con las piernas al depósito, para que fueran ellas las que cargaran con todo el esfuerzo de contrarrestar la deceleración, si bien es cierto que las dos protecciones que ofrecen los guantes SD-R30 en la base de la palma, con su fino acolchado interior, algo debieron de aportar, sin duda, para evitarme molestias en esa parte de las manos.

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La prueba de Fuego

Ocurrió mientras cubría la hora 20 de carrera. Otro piloto se cruzó en mi trayectoria a la entrada de El Estadio y golpeó mi ruela delantera con la suya trasera. Salí literalmente volando. Ha quedado grabada para siempre en la retina de mi memoria una imagen en la que me sentía cabeza abajo en el aire, viendo la moto seguirme en la misma posición.

He de subrayar al lector que no hubo arrastrón propiamente dicho, sino que me sentí rodando fuera del asfalto tras el primer impacto con el suelo, aunque no hubiera sido así literalmente. Y lo que más recuerdo de la escena es un grito intenso y repetido dentro de mi cabeza mientras el mundo daba vueltas en un frenético torbellino.  “¡La croqueta, la croqueta!”, me gritaba mientras cruzaba los antebrazos delante del pecho con las manos abiertas.

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La cuestión es que o hice una croqueta perfecta o tuve mucha suerte. Bien. La croqueta debió de ser buena, sí, pero mi suerte mucho mejor. No me hice nada en absoluto.

En cuanto a los guantes de Seventy Degrees, que es de lo que estamos hablando, cuidaron de mis manos como el ángel de la guarda, y aunque su aspecto los mostraba aparentemente indemnes después de la caída, ambos antebrazos del mono presentaban un zarpazo terrorífico. De todos modos, no cabe la menor duda de que los SD-R30 me protegieron, porque más tarde, repasando al detalle la pareja descubrí alguna letra borrada, restos en las protecciones del dorsos de esa pintura verde que marca los márgenes de la pista, pero sobre todo porque al desprenderme del guante izquierdo, la muñeca, a la altura sobre la que iría abrochado el reloj, apareció ¡cubierta de tierra negra!

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Mejorable

Los SD-R30 destiñen, particularmente y como es lógico, durante las primeras jornadas de uso, en las que terminas ciertamente con las manos ennegrecidas.

En cualquier caso, resulta algo bastante frecuente con los guantes de carreras, y, por otro lado, ¿quién va a salir de la pista para sentarse directamente a la mesa de una cena protocolaria?

Precio

126,50 euros

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Ficha Técnica

Los datos y detalles que se describen a continuación son aportados por la propia marca:

SD-R30 RACING

Tallas: S-L-XL-XXL

COLORES:

NEGRO/GRIS

NEGRO/ROJO

NEGRO/AMARILLO

PESO

TALLA L HOMBRE:  28GR PAREJA

  1. A destacar: La piel, piel bovina full analine.  El secreto de ésta piel es el corte, del grosor y el tratamiento que se le da para que la piel tenga un mayor tacto una mayor flexibilidad y comodidad.
  2. Guante con protecciones de PVC con ventilación en el dorso. Para una mayor protección.
  3. Lateral de la muñeca también en PVC para una mayor protección y ventilación.
  4. Dedos meñique y anular cosidos entre sí, para una mayor seguridad y comodidad para el piloto.
  5. Guante cosido con costuras externas para un mayor tacto comodidad y flexibilidad. Así permite que al motorista no se le clave las costuras en los dedos.
  6. Cierre en el dorso de la muñeca, para un mayor ajuste y comodidad. Cierre en la palma de la muñeca con velcro adicional.
  7. Pieza en PVC para protección lateral de la palma.
  8. Pieza en PVC en la palma del dedo pulgar para una mayor protección.
  9. Dedo corazón y anular con inserciones en carbono para una mayor protección.
  10. Refuerzo en el lateral de la palma de la mano en piel con inserción en kevlar y cosido con hilo de kevlar para una mayor seguridad.
  11. Ventilación entre los dedos, índice corazón anular y meñique para una mayor flexibilidad, comodidad y transpiración.
  12. Palma cosida en hilo de kevlar para una mayor resistencia a la abrasión.
  13. Este guante esta cosido con el sistema pro-curve para una mayor comodidad y flexibilidad para el piloto. Así evitamos que el guante haga menos arrugas posibles y no sea tan rígido.
  14. Guante con media interior para que las no manos suden y tengan una mayor transpiración, y para que el guante no tiña la mano.
  15. Es un guante muy técnico para carreras.

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