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Un día con Carlos Checa

Un día con Carlos Checa

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Este contenido no es una entrevista ni larga ni corta. No es una entrevista. Se trata de una publicación en un género pienso que inédito hasta ahora en el periodismo de La Moto. Es, más bien, una novela corta que contiene una conversación pausada, extensa y profunda, a lo largo de casi un día entero, con el que sin duda es, hoy por hoy, el piloto más cercano y querido por toda la afición.
moriwoki coche

PRÓLOGO

Mi intención era escribir una entrevista en profundidad, con cierto estilo literario en cuanto a la descripción del escenario y a la presentación del personaje y con una conversación que guardara las pautas propias de un diálogo integrado en una novela. Contaba con que este personaje diera más de sí que otros y bastante más que algunos, pero con lo que no contaba, desde luego, es con que la entrevista durara más de una hora y media y que pasaría con él y con otro personaje destacado del motociclismo (guardamos su identidad dentro del texto) más allá del tiempo que abarca una mañana.
Después, al hacer un repaso mental de toda la jornada, quedó muy clara la conclusión de que una experiencia como ésa no tiene ni un minuto de desperdicio. Y más tarde, al analizar la grabación en vídeo, que también publicamos en MoriwOki.com, con la idea de resumir y de extractar, y al descubrir que todo lo que vertió en ella el protagonista de esta historia es oro puro, quedó más claro aun que recortar una sola palabra sería, simplemente, un negligente despilfarro.

Por tanto, el aprecio a las revelaciones que aparecen a lo largo de la conversación, a las sensaciones experimentadas durante las horas que la envolvieron y a la propia coherencia me llevaron a elaborar un texto tal vez incoherente desde los cánones más ortodoxos del periodismo, aparte de resultar lo más alejado, desde luego, de todo lo visto, oído y leído en el mundo informativo de La Moto. Sin embargo y a pesar de todo ello, pienso que esta novela corta es el producto final, precisamente, de la coherencia con lo que escuché y con lo que viví y de la debida honestidad con todo lector amante de La Moto en general y simpatizante de este piloto en particular, que seguramente será todo asiduo seguidor del mundo de las carreras.
Entrevistas hechas a este personaje hay, y habrá, infinidad. Se pueden encontrar en todos los medios. Pero esta publicación no es una entrevista. Esto que aparece a continuación es una novela corta titulada:
“Desde dentro, en Las Alturas: Carlos Checa.”
delante de los mejores

EL RESPLANDOR

La mañana se ha levantado clara y límpida, la luz se refleja sobre el cielo con ese brillo cristalino que da su carácter al sol oblicuo de enero y que una atmósfera diáfana proyecta sobre los ojos para cegar mis pupilas. Al fondo, muy al fondo, la majestuosidad de las montañas recorta su blancura contra un azul que encapota todo, absolutamente todo el panorama que se abre detrás del parabrisas. El coche avanza por una autovía que al principio forma meandros sobre el altiplano mientras que el paisaje se escarpa en el frente, luego se estrecha en una carretera que serpentea por un entorno que se pliega y se pliega, hasta levantar los grandiosos muros de nieve y roca que forman la cordillera más larga y elevada de La Península. El coche navega a un ritmo suave y continuado por un escenario que poco a poco va dejando que sus verdes y sus pardos mediterráneos se cubran con una sábana blanca, satinada por ese resplandor que se precipita desde el cielo.

Sí, El Resplandor. La sugerencia que me hace la imaginación es tan obvia que no necesito ni siquiera cerrar los ojos para revivir la secuencia que da inicio a aquella película de Kubrick, con la perspectiva aérea que seguía al coche viajando entre montañas mientras que los créditos iban precipitándose a lo largo del celuloide. Sí, viajo al encuentro de un personaje que invita a la creación literaria como casi ninguno de los que he entrevistado hasta ahora. Un personaje con la fuerza existencial de los valores contenidos tras esa mirada rebosante de humanidad que siempre he contemplado en sus fotografías. Un personaje que traspasa, y que desde luego trasciende, a ese largo inventario de hazañas deportivas que componen un imponente palmarés forjado a lo largo de más de dos décadas. Sí, desde luego una entrevista distinta, en un escenario recóndito, con un verdadero protagonista de novela. Tan sólo espero que el lector no detecte en este texto ni un ápice de la locura que escenificó Jack Nicholson en aquella magistral película basada en la novela de Stephen King. “No por mucho madrugar… No por mucho madrugar… No por mucho madrugar” con aquel etcétera perdido en el infinito. Aunque, pensándolo mejor: si vivimos en un mundo de fantasía, un mundo de romanticismo y sobre todo un mundo de pasión, como es el de La Moto, ¿por qué no? ¿Por qué no dejar, sólo de cuando en cuando, un punto de protagonismo a lo que el resto de la gente llama “locura”?
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Cruzamos la línea administrativa pasando ante el puesto fronterizo. Una caseta de madera más propia, tal vez, de una estampa helvética que del límite entre dos países bañados por el Mare Nostrum. El coche atraviesa un grupo de viviendas en el que ninguna alcanza los cuatro pisos. Allí los rótulos grabados de las esquinas han cambiado, y ya no rezan carrer tal o cuál, sino que, a partir de ahí, en todos se lee la palabra “rue”. La población queda atrás y el panorama se abre de nuevo para centrar el protagonismo, y también mi atención, sobre otro núcleo de casas que se arraciman sobre un breve collado:
David, mi acompañante y conductor ocasional de mi propio coche, me señala que allí se halla nuestro destino.

Por fin, el motor se para junto a un muro de piedra franqueado por una puerta de madera dividida en dos hojas. Nos apeamos, y una de ellas se abre para darnos paso a una rampa tan corta como empinada, y al levantar la cara, mi mirada se da de bruces con la cercanía de una fachada que se eleva imponente, contemplada desde mi reducida perspectiva. Una fachada principal que da la cara a la vista paradisíaca que se abre más arriba, a mi espalda, y que aún no puedo ni siquiera imaginarme. Es un chalé, sobrio y coqueto, con la acogedora sugerencia de la madera protagonizándolo todo, el inevitable tejado de dos aguas y una silueta eminentemente alpina para guardar la debida coherencia con un entorno incomparable en las alturas. Una visión que se levanta en el frente como una tópica postal de montaña, y en el centro de ella, perfectamente encuadrado, encuentro al protagonista de esta historia.
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Una historia que publiqué en Super7 a principios de 2014 y que invito al lector a que continúe con ella pinchando en este enlace. Muchas gracias.

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