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Ser motorista: Un vida muy Ambigua

Ser motorista: Un vida muy Ambigua

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Deslicé la yema del índice sobre el cristal de la pantalla, paseándola sobre la lista de contactos, hasta detenerla encima de un nombre: Luis, mi primo. Pulsé para abrirlo, y envié el millonésimo mensaje desde que este particular sistema invadiera mi vida, después de extenderse por la del resto de El Planeta.

“Hola. ¿Qué tal estás? ¿Tienes un momento para llamarte?”. Botón, y mis palabras escritas volaron hasta su destino. Un minuto después, sonó la campanilla con la entrada de un nuevo mensaje. “¡Caramba, Mori! ¡Qué alegría leer algo tuyo! Claro que tengo un momento. Espera: Te llamo yo, que tengo tarifa plana.”. A los pocos segundos, la vibración de mi teléfono acompañaba a las primeras notas de “Bad to The Bone”, con la voz rasgada de George Thorogood, mientras el nombre de Luis se anunciaba en letras grandes sobre la pantalla.

-¿Qué tal, Mori? –su voz sonaba con la tilde de un vivo entusiasmo- Tenía ganas de hablar contigo.

-Hola, Luis. Me alegro mucho de escucharte.

Tras las preguntas protocolarias, versadas sobre la salud, el trabajo y la familia, pasamos directamente al tema que más nos unía desde hacía tan sólo algunos meses.

-¿Cuánto tiempo hacía que no hablábamos, Luis?

-Pues, desde que me compré la moto. Tres meses, dos semanas y cuatro días y medio.

Me desbordó una carcajada, y a continuación una exclamación.

Explorer XCgrupo tres en curva

-¡Vaya! Pues sí que te ha marcado, sí. Me dejas impresionado –volví a reír-. A ver: cuéntame cómo te va con la moto, ¿cómo te sientes?

-Mori, macho: es justo como me lo descubriste. Es fantástico –su voz se tornó exultante-. Es maravillosa la fuerza con la que te llega todo lo que te rodea: el colorido, los olores, el ambiente más áspero, el más húmedo, el paisaje…

– ¿Y el equilibrio dinámico, Luis, ese fenómeno del que te hablé?

-¡Ay, amigo mío! Eso es pura magia: ¡cómo es posible que llegues a sentir la moto como una prolongación de tu cuerpo que incluso adivina tu intención. ¡Todavía no me lo creo: Parece algo sobrenatural! –le oigo reírse al otro lado, y nos reímos los dos.

-Te escucho muy contento.

-Sí, sí. La verdad es que sí…, aunque hay algunas cosas…

-¿Algunas cosas?

-Sí, de eso también quería hablar contigo, que llevas tantos kilómetros, tantos años a cuestas y con tantas motos que han pasado por tus manos.

-¡Ah! Pues dime, dime. Cuéntame, que soy todo oídos.

-Bien. Verás: se trata de algunas circunstancias, más bien administrativas, con las que no sé cómo actuar.

-Creo que ya sé por dónde vas. Pero explícamelo tú, mejor.

-Pues, por ejemplo: Al comprar esta moto de segunda mano, siguiendo tus sabios consejos, una moto que tiene ya algunos años, hace un par de meses me tocó pasar la ITV. Al terminar, me dieron esa pegatina, con la que no supe muy bien qué hacer, porque no recordaba haberla visto en ninguna moto. Finalmente, decidí guardarla cuidadosamente junto con la documentación.

-Bien hecho, en principio.

itv chasis

-Bueno, el caso es que la semana pasada se me acercó un municipal cuando estaba arrancando, a punto de salir. Repasó la moto de arriba abajo y me preguntó por la pegatina. Saqué la documentación y se la enseñé.

-Perfecto, entonces.

-Eso pensé yo, sin embargo el agente me dijo que por esa vez me lo pasaba, pero que a la próxima que me encontrase por el barrio y no la llevase bien visible, me multaría.

-Ya. No es la primera vez que he escuchado esto.

-Bueno. ¿Y si la pego, queda expuesta a la lluvia, al jabón del lavado o a algún gracioso que le apetezca despegarla? No puedo llevarla siempre visible y protegida, como la del coche.

-Sí. Pero, por lo visto, es así. No te puedo decir mucho más.

-¡Pues vaya indecisión, macho! En fin.

pegatina horquilla

-Supongo que si la pegatina desaparece, sólo nos queda como recurso pasar por la ITV para pedir una copia. Pero no sé si te exigirán alguna forma de demostrar que la has perdido. No se me ocurre cuál.

-Bueno. Ya veré qué hago al final. Pero hay algunas cosas más que quería comentar contigo.

-Pues cuéntame. Continúa.

-He visto en algunas calles céntricas de Madrid, y he leído en foros que también la tienen en otras poblaciones más, una franja delante del semáforo con el dibujo pintado sobre el asfalto de una moto y de una bici. ¿Eso qué significa, Alfredo?

-Pues significa que es un espacio reservado para que las motos y las bicis esperen el semáforo verde, y así podamos escapar de la jauría que forman los coches.

-Es que he visto muchas veces un taxi encima de ella.

-Bueno, los taxistas… Todos sabemos cómo actúan muchos taxistas.

linea semaforo barna

-Ya, pero si yo llego primero a la línea del semáforo, creo que no necesito esa franja para salir primero. Y si me quedo detrás, con varias filas de coches entre mi posición y esa franja para las motos, ¿qué me está indicando el ayuntamiento? ¿Me está invitando a que pase entre los coches parados, entre carriles? Eso está prohibido, ¿no? –le dejo que continúe- O, en un caso más complicado, ¿me está invitando a que avance por el carril del sentido contrario, vacío en el momento del semáforo rojo, hasta alcanzar esa franja?

-Pues…, hace muy poco, cuestión de meses, creo que se aprobó un nuevo artículo en el código por el que, al parecer, está permitido pasar entre los coches sólo y exclusivamente cuando están completamente parados.

otra linea

-Pues cuando me saqué el carné, no me dijeron nada, ni había sabido nada después.

-Ya te digo que tengo entendido que se publicó hace sólo unos meses. Tendría que confirmarlo, de todos modos.

Se abrió un paréntesis de unos segundos en la conversación.

-Y otra cosa, Mori. He visto que para dejar la moto aparcada sobre una acera ancha, en Madrid, no es un problema. Pero he leído también que en otros sitios no es así, podria subir por ejemplo una yamaha 950 scr (que es mediana)

-¡Hombre! Es de sentido común que dejar la moto sobre una acera estrecha interrumpe el paso de los peatones, no digamos ya de los carritos con bebés o de las sillas de los discapacitados. Yo no lo haría nunca, y pienso, por lo que te conozco, que tú tampoco.

-¡No, no, desde luego que no!

-Recuerdo vagamente que hay un precepto del código que permite aparcar sobre una acera de más de cuatro metros a menos de medio metro del bordillo.

-¡Ah, bueno! Sabiendo esto.

-Ya, pero a mí, hará cosa de dos años, me multaron en Alcobendas por dejar la moto aparcada así, en una acera con bastante más de cuatro metros. Pregunté la razón a un agente de allí y me respondió que está prohibido aparcar la moto sobre una acera, sea como sea, y si en otras ocasiones no se denunciaba, era sencillamente porque hacían la vista gorda.

-Pues me has “matao”.

-Me lo imagino. Pero no te puedo decir mucho más.

-La verdad es que no sabe uno muy bien qué hacer.

ser motoristaacera

Un silencio establece un punto y aparte en nuestra conversión, hasta que mi primo le da continuidad.

-Oye, ¿y con el carril bus? Las motos pasan por él en Madrid, pero en el suelo de ese carril sólo se lee “bus y taxi”.

-En Madrid está permitido. Si te fijas, verás un punto en el que sí está indicado. El carril del Eje de O´Donnell, sentido subida, delante de El Pirulí. A la entrada hay una señal con una placa debajo que también incluye a las motos.

-¡Vaya! Un sitio muy puntual.

-Sí –nos reímos-. Me llama la atención  porque creo que es el único.

-Pero, Mori, he leído también…, yo es que leo mucho para enterarme, ya ves –volvemos a reírnos-. Pues he leído que no en todos sitios es como en Madrid.

-Exacto. Ya te digo yo que no. El mes pasado le clavaron una multa en Barcelona a un amigo mío de aquí, que pasaba por allí viajando en moto, y no se le ocurrió otra cosa que, con toda naturalidad, meterse en el carril bus.

-O sea, que con el aparcamiento en la acera y con el carril bus…

-Tendrás que enterarte de alguna forma cómo va en cada sitio antes de ir.

465

-Sí, y algo parecido pasa con el arcén.

-¿El  arcén?

-Sí, con el de la M-30, por ejemplo, y con otros enlaces, cuando están atascados. Yo veo meterse a las motos, a todas las motos, y ahora también estoy atreviéndome a hacerlo yo.

-En Madrid, sencillamente, se está consintiendo esa práctica; pero no te puedes fiar porque lo mismo pasas por el arcén delante de un guardia que ha dormido mal y te empaqueta.

-Ya. Pero también llevo tiempo oyendo que van a cambiar el código para permitir que las motos circulen por el arcén de las carreteras, y de las autovías, cuando haya atasco. ¿Se puede hacer ya?

-No. Rotundamente, no. Ten cuidado con eso porque muchos se han confundido escuchando esas noticias que tratan de anticiparse y que no sé cuánto tiempo llevan repitiendo en los medios de comunicación, sobre todo porque se hizo un borrador del código que lo contemplaba. Conozco a unos cuantos que se han metido por el arcén en el atasco y les ha parado la Guardia Civil para colocarles un paquete.

-¿Un paquete de cuánto?

-Pues no lo sé con exactitud, pero ya sabes que jugando con las multas, la tirada mínima son cien pavos.

-Sí, eso sí que lo sé.

Le escuché chascar la lengua y dos segundos después, mencionó otro asunto.

teorica

-Otra cosa: La verdad, Mori, es que te hice caso cuando me dijiste que siguiera a rajatabla las enseñanzas del profesor de la autoescuela, que no dudara de todas las indicaciones que me hacía, que las tomara como si fueran la mismísima Biblia para mí y que no leyese nada ni preguntase fuera del ámbito de la autoescuela. Así lo hice.

-Así lo hiciste, y aprobaste, ¿no?

-Sí, por supuesto: A la primera. Eso sí. Me dieron el carné. Pero he ido completamente perdido por la carretera, ahora un poco menos, pero no te creas: que me despisto mucho. Me noto que voy tieso como un palo, que no sé dónde mirar cuando se me echa una curva encima: Es que no sé por dónde atacarla. Y luego, no me he caído todavía, pero he tenido un par de avisos muy serios porque no sé frenar, quiero decir que me asusto y soy demasiado brusco agarrando la maneta.

franda emergencia

-A eso lo llaman “El Manotazo del Pánico” –hice una mínima pausa y traté de explicarme-. Luis: es que una cosa es aprobar el examen, sacarte el carné, y otra diferente es lo que te toca ahora. Ya has pasado por el peaje obligatorio de la autoescuela, pero ahora viene lo de aprender las cuatro nociones básicas para conducir. Desde luego, lo mejor que te va a venir para ello es hacer un curso de conducción de algunas de las escuelas que tenemos en España, que no son muchas.

-Pero se supone que la autoescuela ya es una escuela para aprender.

-Sí, pero para aprender a sacarte el carné. Ahora hay que salir a la ruta y aprender a saber estar en ella, a hacer una puesta en escena en cada carretera.

-Pues tendré que mirarme uno de esos cursos, porque está bien claro que lo necesito.

-Fenomenal. Luego te envío te envío algún contacto para ello.

-Vale. Estupendo.

Escucho cómo toma aire, y unos segundos después, opto por preguntarle para continuar engrosando su lista de cuitas motoristas.

-Y sobre los sustos, aparte de ésos que te has llevado por tu forma tosca de frenar, imagino que habrás tenido alguno más…

Multistrada enduroposando recta detrás

-Calla, que hace poco tuve el más gordo de todos. Fue en un semáforo.

-¿Parado en una semáforo?

-No, no. En marcha, llegando a uno de ésos que le han montado una cámara para hacerte la foto, si te lo pasas en rojo.

-¡Ah! ¿Y cómo fue entonces?

-Pues ya me había contado un amigo mío el puro que le metieron cuando él hubiera jurado que lo pasó en ámbar, y también había escuchado antes las quejas de alguna asociación de automovilistas al Ayuntamiento de Madrid por la manera tan crítica con la que habían calibrado el mecanismo, que incluso llegaba a hacer la foto, en algunos casos, cuando aún estaba en ámbar.

-Sí, yo también había escuchado algo de eso y ando al loro cada vez que voy a pasar por uno de esos semáforos.

-Pues por eso mismo me llevé el sustazo, porque me quedaban sólo unos metros para pasar por debajo de uno de  ellos, reconocí la cámara arriba, sujeta sobre el soporte, y un instante después, el semáforo cambió de verde a ámbar, de manera que en el momento justo en el que iba a pasar por debajo, estaría a punto de cambiar a rojo, y aunque no fuera a hacerlo, me asaltó la duda de si me cazaría la cámara, incluso pasando en ámbar.

-¡Puf! Ya me imagino. Todo indecisión, ¿no?

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-Claro. Dudé durante un segundo, en el que ya me comía el semáforo, y después frené. Di una buena frenada para parar la moto.

-¿Y conseguiste detenerla a tiempo?

-No, no.

-¡Ah! ¿No?

-No, porque al instante siguiente de pisar el pedal y de tirar de la maneta, el cuerpo entero se me estremeció cuando escuché detrás de mí el berrido de unas ruedas arrastrando.

rebasando semáforo

-¡Un coche clavando los frenos!

-Exacto. Me quedé helado y, digo yo, que mi instinto de supervivencia me llevó a soltar los frenos y a acelerar rebasando el semáforo.

-¡Vaya susto!

-Y que lo digas.

-¿Pero pasaste en rojo?

-Te lo juro que no lo sé. Me quedé tan tieso, que seguí conduciendo como un zombi hasta mi casa.

-Bueno. Ya te llegará la multa, si fue así.

-Ya lo sé, claro. Y estoy “acojonao”, porque es una pasta y sobre todo unos puntos.

-Desde luego, es duro ser principiante. Todo parece un mar de dudas, ¿verdad?

-Bueno, y eso porque no tocas la parte de la indignación, la del agravio comparativo y de la discriminación administrativa.

-¡Hombre, Luis! Tampoco es para llevarlo a esos extremos. Creo que exageras un poco.

-¿Que exagero? Entonces, ¿por qué si me saco el carné de coche, puedo conducir cualquiera desde el primer día, aunque tenga más de 500 CV, y si quiero conducir una moto, tengo que pasar por tres etapas, por tres carnés y pagar cada uno de ellos para llegar por fin a que se me permita conducir las más potentes.

-La verdad es que, visto así…

-Sí, y esa discriminación administrativa alcanza también a la parte social.

-Sí es verdad que, de alguna manera, hay gente que todavía nos ve como un colectivo marginal, y también es cierto que en otro tiempo fuimos considerados como usuarios secundarios de la carretera, como el pariente pobre de la ruta. Pero todo eso ha pasado ya bastante, ya no queda prácticamente nada.

-¡Que no queda nada! ¡Pues cómo sería antes!

MOTOS

Abrió un breve silencio, invitándome tal vez a la reflexión, y después continuó.

-Mira, Mori: Te voy a contar lo que me pasó en mi comunidad de vecinos a los pocos días de comprar la moto.

-Cuéntame. Te escucho; aunque, no sé por qué, ya me imagino de qué me vas a hablar.

-Pues sí. Resulta que convocaron una de esas reuniones, sí, una de ésas tan horribles en las que, si uno hace un poco de caso, terminas con la cabeza caliente y los pies fríos.

-Las hemos sufrido todos, sí.

-Pues llega el presidente y me dice que no podía seguir dejando la moto en el garaje, donde la tenía aparcada.

-¿Y dónde la habías dejado?

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-Pues en un rincón aparatado, al lado de mi plaza, y desde luego lejos del paso de los coches y del de las personas.

-Ya –estaba claro lo que me explicaría tras mi lacónico monosílabo.

-Me dice este señor que la moto está ocupando un espacio indebido en una zona común para la comunidad y que ahí no puede estar. Bien. Entonces le doy como opción la de que, como mi coche es pequeño, a partir de ese momento haría un hueco para que entrara exactamente la moto en mi plaza, sin rebasar ninguna de sus líneas.

-Y entonces te habló del seguro…

-Efectivamente. Que por lo visto, el seguro no se hace cargo de un siniestro, si hay más de un vehículo en una plaza, o más vehículos en el garaje de los que tiene homologados, o no sé qué… La verdad es que no le entendí muy bien porque la confusión, y también la indignación, me empezaban a nublar la mente.

-Sí, pero eso de los seguros tampoco lo tienen claro. Parece ser que unos sí, otros no, y que en la mayoría de los casos y de los garajes, no aplican nada de eso. Pero no lo sé, Luis.

-Bueno. El caso es que al final les expliqué que no se trataba de que yo pretendiera meter allí un vehículo sin pagar a la comunidad, y les propuse que se crearan algunas plazas de garaje para moto, como he oído que las hay en algunos garajes. En éste nuestro hay sitio más que de sobra para guardar una docena.

-¿Y qué te contestó?

– Pues no te lo imaginas… Bueno, me contestó él, y su corte de seguidores. Me dijo que en ese caso, habría que hacer una plaza de moto para cada vivienda, para todos los vecinos y que el garaje no tiene tanto sitio.

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-¿Y eso por qué?

-Pues por si a cada vecino le da en el futuro la fiebre de la moto y quiere comprarse una.

-¡No me digas!

-Lo que oyes. Así es que al final les pregunté: “Y entonces, según ustedes, ¿qué es lo que puedo hacer para guardar la moto en mi garaje?” ¿Y sabes qué es lo que me respondieron?

-Eso sí me lo imagino.

-Efectivamente. Pues que alquile una de las plazas de coche  que hay vacías y que meta allí la moto.

-Lo que te digo.

-Así es que, si quiero cumplir con los requisitos y los caprichos de la comunidad de vecinos, o guardo la moto, ella sola, en una plaza de coche o la dejo todas las noches en la puta calle.

-Pues sí –concluí resignado. Entonces escuché suspirar a mi primo al otro lado del aparato.

– En definitiva, Mori, que ser motorista tiene una vida muy muy ambigua.

Y los dos nos reímos pausadamente con nuestro punto de frustración.

Tomás Pérez

 

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Comentario(1)
  1. Raul "J0nH-Do3" dice:

    Hay que joderse con las cosas que les pasan a los motoristas. Moriwoki, dile a tu primo que además de todas esas cosas, por suerte hay muchas otras con las que estar contentos, y que como no puede ser de otro modo, en este país, vamos a la cola de muchas cosas, y la moto, es una de ellas. ¡buen relato!

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