Inicio Motos con espíritu Royal Enfield Bullet 500: Un Espíritu Apacible
Royal Enfield Bullet 500: Un Espíritu Apacible

Royal Enfield Bullet 500: Un Espíritu Apacible

0

Abrí el cajón de la mesita de noche dispuesto a recoger la cartera, las llaves, el monedero…, en fin, las cuatro pertenencias indispensables para salir a la calle. Fue entonces cuando algo prendido en mi muñeca me llamó la atención porque parecía chirriar dentro de mi mente. “Pero, Mori… “, me dije, “¡Cómo vas a ir a buscar una moto como ésa con un reloj digital abrochado a la muñeca!”. Acto seguido me deshice del cronómetro y busqué entre mi modesta colección un peluco de agujas, por supuesto, y con una esfera mucho más tradicional, “vintage”, como gusta decir ahora.

digital

Una hora después, el aire tibio de un otoño anormal me acariciaba el rostro bajo una atmósfera contaminada hasta provocar un Madrid restringido y en alerta. Parece mentira lo que es capaz desarrollar una imaginación convenientemente motivada, que me trasladaba desde ese ambiente castizo y postnuclear hasta medio siglo atrás, en cualquier confín colonial del planeta británico. Y es que el vibrante latir de este espíritu apacible inspira las fantasías más sibaritas que se pueden vivir paseando sobre una motocicleta…

bullet 500terraza espejo

Presentando la Royal Enfield Bullet 500

  • -Oye, tío. ¡Tío! ¿Qué es ese cacharro que has traído?
  • -¡Eh! –era mi sobrino Javier quien acababa de sacarme, con esa inevitable brusquedad juvenil, de un placentero ensimismamiento mientras escribía mi reportaje.
  • -Parece una moto de museo.
  • -Pues no lo es. Es nueva. Se vende así en la tienda.
  • -¿Qué moto es?
  • -Una Royal Enfield.
  • -No la había oído en mi vida.
  • -No me extraña, conociendo lo ceñidas que son tus preferencias. Es una Royal Enfield, una Bullet 500.
  • -No parece una 500. ¿Cuántos caballos tiene?
  • -Ya estamos. Javier: eso es lo de menos en una moto como ésa.
  • -Ya. Seguro que no coge ni los 160.
  • -No, ni 160, ni menos de eso. En esta moto no importa la velocidad.
  • -Total: que no sirve para nada. ¡Una moto en la que no importa la velocidad! Pues ya me contarás. A ver qué se te ocurre, o qué te inventas, para escribir sobre ella. Seguro que no es fácil.
  • -¡Ay, Javier! Si yo te dijera que lo que tengo que hacer con esta moto es, precisamente, contenerme para no escribir una novela entera.
  • -Ya, tío. Si es que eres un soñador –y una voz, llamándole desde el fondo del chalé, pareció interrumpir lo siguiente que iba a decir.
  • -Javier: dile a tu tío que ya está lista la comida.

concesión pez

Al día siguiente, el sol oblicuo de la mañana proyectaba su luz a mi espalda mientras me deslizaba desde la cima del eje de O´Donnell, una luz que chapaba en oro toda la ciudad extendida en el frente sobre la panorámica que recorta su silueta contra el cielo más universal. Sí, “De Madrid al Cielo”, reza el dicho, y la presencia de la gran necrópolis, sita en La Almudena, parecía emerger a mi derecha para recordarme el privilegio del que disfruto muchas mañanas al contemplar esta postal urbana desde el promontorio en el que vivo.`

En el centro de Madrid, me esperaba mi amigo Pedro, un quemado recalcitrante, cincuentón de las dos ruedas, al que había pedido su diagnosis sobre esta moto de antes, hecha hoy, prácticamente a la usanza de antaño, a pesar de que la referencia de moto ideal para Pedro era, justamente, la antagonista de esta Bullet 500. Siempre le escuché contestar, cuando algún joven sorprendido daba por hecho que corría con motos clásicas, al observar la evidencia de su edad en el rostro y al saber que se mantenía compitiendo en algunas carreras. “¡En clásicas! No, hijo, en clásicas corre tú, si quieres, yo corro en lo más rápido que haya ahora y que me dejen.”

Le encontré inclinado, acodando un brazo sobre la deportiva que debía de llevarme para servir de intercambio con la Bullet, que, a su vez, me devolvería al día siguiente. Y dejó caer una pregunta con su punto de guasa; aunque, eso sí,  sin el más mínimo desprecio.

-¿Y esto es lo que quieres que pruebe?

Por favor, lo único que te pido es que dejes a un lado tus prejuicios, que te subas a ella con la mente libre, limpia de conclusiones preconcebidas.

-¡Querrás decir que me haga un lavado de cerebro! –y añadió con un grado más de saña-: Si es que tengo que ponerme una venda para no ver esta antigualla.

-Pedro, por favor –le rogué-, haz un esfuerzo: Ya te he dicho que me interesa conocer qué impresión te causa esta Royal.

Mi amigo se mordió el labio inferior mientras asentía. Un minuto después escuché de nuevo el palpitar de aquel pistón solitario y vi cómo la amplitud de su espalda se perdía con parsimonia sobre la Bullet 500.

bullet 500glorieta Atocha

A día siguiente, a la hora del desayuno, esperaba en el bar frente a una taza humeante. Mientras desleía el azúcar, removiendo el aroma del café, escuché un trepidar de tambor que desfilaba sobre la acera hasta que se detuvo frente a la cristalera que tenía a mi lado. La silueta decimonónica de la Buellet 500, lo más parecido a la inspiración motociclista del Orient Express, quedó recortada a contraluz sobre los primeros rayos de la mañana. Pude ver a Pedro bajarse de ella y sin perderle el frente, dando la espalda al local, avanzó reculando hasta la puerta, como si aún tuviera que volver a mirarla para creer realmente lo que acababa de transmitirle. Y no me equivoqué en esa apreciación. Al encontrarse conmigo, pasó por alto los buenos días para lanzarme dos palabras sorprendentes encerradas entre dos signos de admiración:

–  ¡Me encanta!

-¡Ah, sí! ¿En serio? –asintió- ¿Y por qué?

-Te lo explico al final, pero primero te cuento cómo va, cómo se comporta, que seguro que es lo que más te interesa y para lo que me las has prestado. 

Me encogí de hombros, mientras él hacía una seña al camarero y me dispuse a escuchar:

-Bueno, pues el dibujo de carretilla en el neumático delantero y el ancho cifrado en pulgadas para ambos, sirve de argumento para saber que ésta es una moto de antes, una moto de mucho antes, sin embargo la banda de rodadura trasera, tan estrecha y prácticamente plana, te hace ir más allá, te hace ver “Una Moto Ancestral”. Curiosamente, esa banda estrecha y la relativa flexibilidad de la carcasa, facilitan mucho el momento del giro, la maniobra de entrada en la curva de esta Bullet 500, espantando cualquier sospecha que había tenido con  esa forma casi cuadrada que enseña el neumático por detrás.

bullet 500Ministerio

Mientras escuchaba las detalladas explicaciones de Pedro, echaba de cuando en cuando una mirada a través del cristal para contemplar la Bullet de perfil, justo delante del café, aparcada sobre la acera.

-Por otra parte, la entrega lineal que ofrece ese motor de un cilindro completa una auténtica armonía de toda la moto, con la sensación tan placentera que provoca al pasear, con ese…, ¡cómo diría!, romanticismo

Dio un sorbo al café que le acaban de servir y continuó.

-¡Ah! Al arrancar, hay que girar un punto el acelerador y, por supuesto, si el motor está frío, apretar el tirador del estárter, “del aire”, como se decía antes.

En cuanto a la parte ciclo, pues también es…, es ancestral, como te he dicho antes. Con ese basculante, sobre el que se apoyan los dos amortiguadores, eso sí, de gas y con sus botellas camufladas en negro, como si quisieran ocultar esa mínima licencia a la modernidad, que no lo es tanto, porque apareció a finales de los setenta. El caso es que el resultado de todo, en conjunto con la horquilla con forma de cartuchos, es un comportamiento muy dulce y confortable para ese placer de pasear. Por otra parte, pasar con ella a fondo y bien inclinado por un viraje rápido es meterte en compromiso innecesario en el que la moto protestará, o se quejará, dependiendo de lo violento que seas, porque se retorcerá toda su arquitectura, para ponerte en un serio aprieto, porque puede reaccionar con un shimmy muy serio.

Además de eso, si intentas una inclinación algo pronunciada, te toparás con el freno que representan las estriberas fijas, tipo Montesa Impala. Mejor así, antes de que descubras con una buena voltereta cuáles son los límites del neumático trasero, con ese perfil anoréxico y la banda casi plana, como el de  una Moto… ¿cómo hemos dicho? ¡Ah, sí! Una moto Ancestral.

bullet 5002015-11-24 16.51.26

Otro sorbo de café y otra mirada a la Bullet 500 para continuar con otro apartado importante : La Frenada.

-Pues la mirada se me fue derecha a la rueda trasera para descubrir otro viejo conocido. El freno de tambor. ¿Sabes que se llamaban “de expansión interna”? Bueno, pues éste es de lo más sencillos, con una simple leva, de la que tira una varilla, como ves, que enganchada directamente al pedal; además, las zapatas aprietan sobre una superficie estrecha de ese tambor que ya ves que está abierto sobre lado derecho del buje. En resumidas cuentas, también un freno ancestral.

Un freno así, aunque te parezca extraño, ofrece una efecacia sorprendente, con un tacto muy dosificable, que no creas que mejoran muchos discos actuales. Otra cosa sí es verdad, y es que el freno de tambor necesita un ajuste más frecuente, girando la tuerca de la varilla, y que la duración de las zapatas normalmente es menor que la de unas pastillas.

Y en cuanto al freno delantero, de disco, lo he encontrado con potencia de sobra para detener la Bullet 500 a cualquiera de sus ritmos naturales. Además dosifica muy bien la frenada, ideal para el asfalto sucio o el piso mojado. Eso sí, si apretas la maneta con fuerza, sentirás cómo las barras de la horquilla, también ancestral, ceden para retorcerse hacia el lado izquierdo, en el que va montado el disco. De cualquier manera no es nada que deba preocupar, porque sólo se siente forzando mucho la frenada, aparte de que la moto no varía la trayectoria ni un milímetro cuando pasa esto.

2015-11-19 11.35.52

Finalmente, mi amigo repasó las cuatro frases que había traído anotadas en un papel para comprobar que no olvidaba ningún detalle, y dio por concluida la explicación, dejando escapar un suspiro antes de dar su sentencia a modo de conclusión.

-Como conclusión, amigo Mori, creo que he encontrado la forma más precisa de describir lo que transmite esta moto. Ya te imaginas lo que me puede gustar en particular…, quiero decir que ya cuentas con que soy un quemado. Bien. Con la mayoría de las motos que conduzco, yo diría que con todas, tengo que ir luchando con lo que podríamos llamar mi instinto, conmigo mismo, para conducir en lugar de pilotar durante un trayecto urbano. Total, que al final, cuando llego al sitio que quería, me bajo de la moto como con una sensación de frustración, con tensión… ¿Cómo te diría?: Con estrés. En cambio con esta Royal Enfield, macho, me bajo “relajao”, como ahora mismo, igual que una seda. Ya me puedo subir a ella preocupado, pensando en mis cosas, o con prisas, que cuando llego al punto de destino, me bajo calmado, con la mente clara y la respiración tranquila.

-¿Es como un sedante?

-Yo creo que es algo más. Mira que para mí la velocidad en el circuito representa un auténtico placer. Pero se trata de un placer excitante, un placer, cómo decirlo, eléctrico. Con esta moto, en cambio, lo que siento es un placer distinto, es el deleite de pasear en moto: Un placer para auténticos sibaritas.

Detuvo sus palabras por un momento, elevó las cejas con la mirada, colgándola del techo, y suspiró:

-¡Me gusta. Sí señor!

Cuando finalmente salimos de la cafetería para volver a intercambiar nuestras motos, descubrí con sobresalto cómo el faro de la Royal Enfield estaba encendido. 

  • -¡Te has dejado el contacto puesto!
  • -¡Hostias, es verdad! Puf. Venga: te doy un empujón.
  • -Espera. Tenemos una alternativa. Acuérdate.

DSC06375

Y miré hacia el lado derecho del motor. Desplegué la palanca para reencontrarme con un viejo amigo: El P.M.S. Se preguntará el lector más joven qué demonios representan esas siglas. Así es: busqué el Punto Muerto Superior del pistón con la palanca, y descargué un buen empujón de mi pie sobre ella, y al instante el arranque del monocilíndrico indio irrumpió en aquel bulevar, con un semblante de sorpresa plantado en la cara de mi amigo…, y supongo que de la mía también.

Días más tarde, MoriwOki tomó de nuevo su faceta de novelista y acudió con la Bullet 500 a la presentación que un compañero de editorial hacía de su libro. Aparcó la moto delante de la puerta del centro cultural en el que se celebraría el acto y caminó hasta la sala, cargando su antebrazo con el casco jet que había llevado puesto hasta allí. Se quitó la chaqueta con sus discretas protecciones y la colocó sobre su regazo, y el casco sobre ella, al sentarse en uno de los sillones del auditorio. Antes de iniciar el acto, escuchó en pie y a su lado una voz familiar.

  • ¿Qué tal? ¿Cómo va esa existencia?
  • Elevó la mirada hasta cruzarla con la de la voz: Se trataba de Miguel Ángel Fuentes, un poeta vanguardista, con la mente algo atormentada y un talento que rayaba en la genialidad, a pesar de hacer gala, en algunas ocasiones, de una afectación intelectual que rondaba la mismísima estupidez.
  • -Bien, Miguel Ángel. Me alegro de verte. Siéntate aquí, si no has quedado con nadie –le indicó desplegando el asiento continuo. El poeta se acomodó y en el instante siguiente fijó su atención sobre el casco de MoriwOki.
  • -¡Has venido en moto!
  • Seguro que no representará para el lector ningún conocer que buena parte de la intelectualidad más afectada mira al motorista, entre otras cosas, como un colectivo revestido de cierto embrutecimiento.
  • -Sí. Es un verdadero placer, con la temperatura que hace estos días.
  • -¡Ah! –dejó caer un suspiro insinuante-. No sabía que tienes moto.
  • -Sí, desde hace poco.

Una moto que al motorista más purista y pasional le hace sentir la Bullet 500 como “una auténtica moto Viva”.

DSC06347

Una hora después, había concluido la exposición con la correspondiente firma de ejemplares, y ambos abandonaban la sala llevando el paso con parsimonia, acompañando la conversación que les llevaba camino de la calle. Comentaron sobre el autor y sobre las posibilidades de la novela presentada, hasta dirigir sus pasos hacia la Royal Enfield. Cuando alcanzaron su altura, Miguel Ángel reaccionó deteniéndose repentinamente, como si se hubiera topado con la moto de sopetón. Retrocedió tres pasos para tomar distancia, de la misma forma en que lo hace el experto visitante con cualquier obra expuesta en una galería de arte. Tan sólo le faltó colocar el pulgar horizontal para vislumbrar la perspectiva caballera de la Bullet 500.

  • -¿Ésta es tu moto?
  • Moriwoki asintió.
  • -Pues me gusta. Me gusta mucho. ¿Cuánto vale?

Durante la mañana siguiente, MoriwOki dedicó unos largos minutos a la liturgia que sigue todo buen motorista y que, en una moto histórica, con pulidos y cromados de escaparate y con pintura de berlina señorial, alcanza la categoría de necesidad. MoriwOki tomó una tersa gamuza y dirigió sus pasos hacia el rincón del garaje en el que descansaba la Bullet 500, mostrando una limpia apariencia que aguardaba el lustre del frotado.

MoriwOki recordaba cómo Clemenza meditaba y meditaba la forma en que cumpliría el encargo que le acababa de hacer su jefe. Mario Puzo describe en las páginas de El Padrino cómo este personaje, amigo de juventud y, a la sazón, lugarteniente de Don Vito Corleone, frotaba y frotaba hasta pulir la pintura de su Cadillac. Se trataba de una actividad parsimoniosa y relajante que colocaba al mafioso en el trance de meditar, de planear en este caso, para llevar a cabo de forma limpia y profesional la ejecución de un soldado de la familia, descubierto en su traición como confidente de otro clan rival. Sí, desde que MoriwOki leyó aquel párrafo de la novela más afamada sobre la mafia, tomó mucho más en consideración el ya de por sí placentero quehacer de  limpiar a conciencia y de abrillantar una moto. Pero además de eso, descubrió que esta tarea adquiere el importante cariz del repaso, de la inspección, en una moto ancestral como es la Royal Enfield Bullet 500, en una moto que vibra por fuerza como las motos de antes. Así, aquella mañana sintió girar bajo la gamuza uno de los tornillos que aprietan la placa cromada de protección que luece sobre el largísimo escape.

Efectivamente, pensaba: Una moto con unas vibraciones que sin duda molestarían al usuario con el sentido más práctico de las dos ruedas; pero que al motorista más purista y pasional, al más deleitable y romántico, al más pausado y sibarita que se agarra a su manillar hacen de sentir la Bullet 500  como “una auténtica moto Viva”.

agujas

Al día siguiente, MoriwOki se levantó con un conjunto de ideas perfectamente ordenadas, y dada su necesidad de escribir todo lo fundamental -y lo que no era tanto- que trascendía en su vida, tomó un lápiz afilado y comenzó a escribir en un cuaderno las conclusiones extraídas de las preguntas, las observaciones y los análisis que había respondido y llevado a cabo durante los días anteriores; unas conclusiones que terminaron por reafirmar su decisión de comprar su flamante Royal Enfield Bullet 500,

El ritmo de esta Bullet 500 puede resultar anacrónico para cualquier joven – y no tan joven- para cualquier motorista, o incluso cualquier conductor de hoy en día. Sus 120 en llano -130 en bajada- desarrollados por la autovía pueden resultar desesperantes ante la más implacable de las impaciencias. Sin embargo, el efecto sedante que ejerce su espíritu sobre todo el que se sienta detrás de su manillar termina por apaciguar los ánimos más impetuosos, apartando las prisas de la mente para hacer hueco a la esencia de un placer tan sencillo y austero que pasa inadvertido a la inmensa mayoría de los motoristas. El placer del paseo. Un ritmo pausado y cadencioso, acompañado por el sonido ancestral del monocilíndrico con válvulas más elemental. Un corazón minimalista en el que anida el espíritu apacible de esta Bullet 500 para finalmente hacer buena la frase universal del líder más pacifista de la historia, y, a la postre, compatriota de la marca::

“No es más rico el que más tiene, sino el que menos necesita”. - Twittear

bullet 500DSC06390

Conclusión Sobre la Bullet 500

¿Quién compraría esta moto?, se preguntaba MoriwOki con la estilográfica en la mano y antes de garabatear sus últimas palabras para componer el remate de su trabajo. Quién la compraría, aparte del reducido público, eminentemente caprichoso, que se sugiere en primera instancia, pues desde luego más del que pudiera pensar el lector. No se trata de un modelo para el uso cotidiano y machacón, con varias docenas de kilómetros, tan diarios como ineludibles. Es una moto para nostálgicos, desde luego, pero también para todos aquellos que quieran vivir una relación intrínseca con ella, sintiendo la vibración de cada elemento, el giro de cada pieza en movimiento, los subibajas de cada válvula, el engranaje de cada piñón como un cambio de paso en sus piernas y la rotación del cigüeñal como el latido de un corazón de otro tiempo, un corazón ancestral.

Royal Enfield Bullet 500: Un Espíritu Apacible
Vota este post

DÉJANOS TU COMENTARIO

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *