Prólogo

Prólogo

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El universo que se abre tras el manillar de una moto resulta absolutamente sorprendente para la mayoría de los que se asoman por primera vez a él. La moto transmite un amplio abanico de excitantes sensaciones que atrapa poco a poco al incauto curioso, convirtiéndolo en un devoto motorista que, probablemente, le rendirá culto de por vida.
Sin embargo no se debe desquiciar, precisamente, ese apasionamiento, porque la moto es una forma de sentir la vida con intensidad, de vivir apasionadamente, si se prefiere; pero no debe de convertirse en una religión, en un credo en torno al que hacer girar nuestra existencia con un ciego fanatismo. La moto proyecta la vida hacia nosotros abriéndonos de par en par los sentidos. La moto nos lanza la vida a bocajarro. La moto presenta la vida delante de nosotros en bandeja de plata para que nos la sirvamos a modo de festín, para que la tomemos con una entrega total, para que la protagonicemos, pero no para que precisamente sea ella, la moto, la que se erija en el eje central de nuestra vida.

Contraluz de pie

El propio autor de este manual se vio obligado a abrir un gran paréntesis de toda una década apartado de las dos ruedas, precisamente, por haber equivocado los términos, por haber puesto su vida a girar en torno a La Moto, en lugar de tomarla como un satélite que le sirva de referencia y que arroje algo de luz sobre los momentos de oscuridad total, en lugar de utilizarla como un mágico catalizador en presencia del cual pueda sentirse más vivo que un colegial años después de haber firmado su jubilación, a pesar de atravesar por el durísimo trance de una grave enfermedad o de haber caído en el amargo pozo de la depresión.
Conozco una serie de casos cargados de la más conmovedora humanidad, casos en los que la moto ha rescatado ánimos sepultados bajo la pesada losa de la tristeza más inconsolable, vidas vagando a la deriva que la moto ha reconducido por el sendero de una existencia edificante y cuajada de satisfacciones, personas abandonadas a la desidia y la amargura a las que la moto ha mostrado los campos y los ríos, las montañas y la costa con su particular viveza, bajo una nueva óptica de una fuerza inaudita que les ha llevado a encontrar algo tan sencillo y tan crucial como otra razón por la que vivir.

KTM Super Duke 1290 GT Posando
Nota del autor.-
Para ilustrar algunas afirmaciones y afianzar su veracidad, habrá ocasiones en las que eche mano de las propias experiencias y se relaten algún pasaje de mi vida. No pretendo contarla. Lo haré, como digo, con el único objetivo de hacerlas más cercanas, más asimilables y muy lejos, como digo, de pretender acaparar protagonismo –pienso que ya tiene más que de sobra la propia autoría del libro en sí.

Otra nota del autor.-
Con frecuencia se utilizará la expresión “El motorista”. Aclarar al respecto que en ningún modo es una referencia exclusiva al género masculino. No, en absoluto. Se trata, simplemente, de una expresión tomada siempre en su modo genérico y referida tanto a hombres como mujeres, de la misma forma que se habla de las especies en el Reino Animal: El Hombre, El Elefante, El Halcón, La Jirafa, La Gacela, La Liebre o La Ballena.

Comentario(4)
  1. Pedro de la Rosa dice:

    Gracias por compartir las intimidades y reflexiones de un motero, de un hombre que utiliza la herramienta “moto” para sentirse vivo. A esto también me sumo yo y otros muchos. No estamos solos en este camino.

    1. Tomás Pérez dice:

      Sí, sé que, afortunadamente, es así, que somos más de los que parecen y que no estamos solos en esta senda apasionante.
      Gracias a ti.

  2. Peter dice:

    Para nada estoy de acuerdo. Por supuesto que si puede la moto ser una religión y el eje total ante el que gire tu vida. Es perfectamente posible que todo lo que hagas en tu vida sea con el objetivo final de que una moto sea la protagonista. No pasa nada por ello. Es tan sencillo como desearlo así y no por ello sentir que eres un bicho raro.
    Eso si, si tu lo quieres libremente asi…¡claro!

    1. Tomás Pérez dice:

      En cualquier caso, Peter, has confundido el mensaje que contiene esa parte, probablemente porque está muy mal redactado. Sí, seguramente sea así.
      Tú hablas de “una moto”, con el artículo indeterminado delante, y el texo habla de “La Moto”, con el artículo determinado y letras mayúsculas. Mientras que la primera mención, la tuya, se refiere a una unidad, la segunda habla de la generalidad que contiene un universo. Sí, ese universo en el que nos vemos todos atrapados. Son dos conceptos completamente distintos, por tanto, no me extraña que “para nada estés de acuerdo”, como dices.
      De todos modos, ¡qué afán más extendido por destruir!, más aun en un asunto tan sensible, tan delicado y que al fin al cabo, nos une a todos. En lugar de ser algo más constructivo, empleando cualquiera de las otras diez fórmulas, o vaya usted a saber cuántas que nos ofrece el castellano; fórmulas como: “Yo lo veo de otra manera”, “yo lo siento de un modo distinto”, “mi perspectiva es diferente” o “tengo otra forma de entenderlo”, no, no, se elige la descalificación. Sí, “para nada”, como dejando en el absurdo la deducción que contiene el texto.
      Y lo peor de todo es que, probablemente, no eres consciente de ello. Es por eso que no he filtrado el texto, que le he dado paso para que vea la luz, y tal vez de ese modo, con una perspectiva algo más abierta, entiendas que las formas y los modos pueden resultar más molestos, y sobre todo más destructivos, que lo que el propio fondo quiere transmitir.

      Gracias, como te he dicho antes, y en cualquier caso, por dejar tu comentario.

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