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¿Nos indignamos con els indignats?

¿Nos indignamos con els indignats?

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La semana pasada aparecieron publicadas en la prensa balear las manifestaciones vertidas en una grabación dentro del grupo de waths app denominado “Indignats Puig Major”. “Tenían que quedar dos o tres motoristas cada fin de semana en la cuneta”, o “No todos los moteros somos iguales, que ponen crucecitas porque un motorista se ha dejado la cabeza contra el faro de un autobús, o poniendo placas en homenaje a gente que lo que hace es ir a toda hostia en moto por carreteras convencionales”. Ésas eran dos de sus manifestaciones, extraídas de un contexto general, que como es natural, hicieron explotar todo tipo de comentarios, exabruptos e insultos, cuando levantaban ampollas entre el colectivo motorista de toda la nación.

Motoristas en Puig Major

Evidentemente, se trataba de una salida de tono en el grado más extremo, que a quien firma este editorial también le tocó en las entrañas, dejándole los pies fríos y el cuerpo encendido durante un rato. Sin embargo, una vez relajada la indignación del momento inicial, también pude leer la siguiente queja de la misma persona: “locos no estamos, estamos histéricos de tener que aguantaros cada domingo, cada sábado, cada fiesta, días normales y corrientes, os hemos visto a todas horas”.

Después de esto, si uno se pone a pensar, llegará con facilidad a suponer que esa persona, que ha mostrado serlo corrigiendo posteriormente el significado de sus palabras y disculpándose por ellas, representa la punta de un iceberg que se manifiesta en otros términos mucho más moderados, o que lo hace solo en petit comité junto a la barra de su bar favorito, en la intimidad de su casa o que incluso no lo dice pero lo piensa.

Otros Motoristas en Puig Major.

Esto le lleva a uno a preguntarse qué tipo de conducta motorista ha debido de ver, o de soportar, ese iceberg en la carretera de Puig Major, que, por otro lado no he tenido la oportunidad de conocer. De todos modos, no cuesta mucho hacerse a la idea de qué escenas son las que provocan su indignación, después de ver muchos domingos la forma de comportarse de algunas minorías con el resto de los conductores, incluidos también, por supuesto, los otros motoristas.

La Rabassada en los ochenta.

Este editorial recoge parcialmente los modos y maneras que insinúan las palabras anteriores. Son pocos, desde luego, pero su proceder resulta muy llamativo y, por ende, etiqueta a todo nuestro colectivo; algo que al final terminará por llevar a la administración que corresponda en cada caso a blindar carreteras como ésa misma de Puig Major, como la de El Puerto del Pico, en la Zona Centro, o la de Santa Fe del Montseny en Cataluña, por poner dos ejemplos emblemáticos y representativos de todos los rincones que hay repartidos por nuestra geografía y que van aglutinando con el tiempo una tradición motorista que, más allá del mero placer que entraña conducir por ellos, transmiten un espíritu motero que ha impregnado, con el transcurso de los años, a todos los que han ido pasando por ellos casi a modo de peregrinación.

Subida en cuesta a la Rabassada.

Los terminarán blindando, como ya lo hicieron con la mítica carretera de la Rabassada, o incluso con las Costas del Garraf, o como prácticamente lo han hecho con la subida a la Cruz Verde, convirtiendo el paso por estas carreteras emblemáticas, para todo motorista, en una tediosa romería de dominicales, y también de domingueros, haciendo la ruta a ritmo de procesión.

Si parte de los conductores que frecuentan una carretera llega a agruparse espontáneamente, unidos únicamente por la indignación, terminará provocando un efecto llamada –que seguramente haya creado ya-, para que tarde o temprano llegue a oídos de la administración pertinente, a la que le resultará bien sencillo tomar como ejemplo el caso de la Rabassada.

Curva de la Rabassada blindada con barrera de cemento.

¿Qué podemos hacer para evitarlo y seguir disfrutando de estas carreteras tal y como lo hacemos en la actualidad?

Pues, honestamente, se me ocurre muy poco, o casi nada, tan solo tomar conciencia de qué es realmente lo que impulsa a conductores que no se conocen a crear grupos como el de “Indignats Puig Major”, apartando en el margen las barbaridades que se hayan podido decir, aunque sin dejar de condenarlas, por supuesto, y las consecuencias administrativas posteriores.

Subida Rabassada año 70.

Un servidor tuvo el privilegio de participar en la subida en cuesta cronometrada a la Rabassada durante una de sus últimas ediciones. Posteriormente, se dejó de organizar aquella carrera; sin embargo no hay más que recordar en lo que se convertían cada domingo algunas de sus curvas, especialmente la paella, donde casi se montaban gradas espontáneas para ver el paso de las motos. No nos extrañó a muchos, por tanto, que la carretera quedara convertida en lo que se ve en la actualidad, en un único carril de subida y otro único, también, de bajada, separados por una barrera de cemento.

La Rabassada con tráfico.

Si no tomamos conciencia y, sobre todo, si no transmitimos esa toma de conciencia, no deberá de sorprendernos dentro de poco ver otras carreteras acotadas hasta tal extremo que pierdan casi todo su encanto, como ocurrió con la mítica Rabassada.

 

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