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Las 24 Hores Motociclistas de Catalunya: ¿Una evocación de Montjuich?

Las 24 Hores Motociclistas de Catalunya: ¿Una evocación de Montjuich?

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Aunque podrían echarse en falta apellidos ilustres de ediciones pasadas, como el de Checa, Silva o Monge,  el 1´48” marcado por Xavier Pinsach sobre la R-1 de Yamaluve Folch Endurance, durante los entrenamientos del viernes, da una idea del nivel actual en el que se mueve la carrera; si bien es verdad que lo hizo dentro del equipo que ha servido de referencia, prácticamente, durante las 22 ediciones de estas 24 Horas Motociclistes de Catalunya, traída ya desde la etapa de Montjuich. Nada menos que 65 motos, con 260 pilotos, figuraban en la lista de inscritos dispuestos a tomar las salida, en esta edición, a las doce del mediodía del sábado. Una carrera que se prepara durante todo un año, cuidando hasta el más mínimo matiz, teniendo presentes detalles, como por ejemplo, el consumo. Sirva como ejemplo los 0,9 litros por vuelta de una BMW rodando a un ritmo entre 1´50 y 1´52, para la que el depósito con el máximo permitido, 24 litros, llegaría a cubrir justo el tiempo de un relevo completo: 50 minutos. Detalles, también, como el lenguaje que establece el equipo con el piloto a través de la pizarra, de día y de noche, pero además del piloto hacia su box, sacando el pie a su paso junto al muro para avisar de que necesita parar en la vuelta siguiente.

24 h montmeló 2016 arranque

Así, a las 11:45 del sábado se formaba una parrilla interminable, a lo largo del lateral de la pista, que encabezaba la Yamaha de Folch, seguida de la GSXR del Suxuki Catalá y de otra R-1, la del Sport Mot´o´rel. Contando la vuelta de formación más la del calentamiento, todos los equipos tomarían la salida con neumáticos nuevos, eligiendo la mayoría el compuesto más duro de los cinco disponibles, debido al sol mediterráneo, que caía de plano sobre la pista, saturando la atmósfera con una espesa humedad. Unas condiciones muy duras tanto para motos como para pilotos, que aún tuvieron que retener sus ímpetus durante cinco larguísimos minutos, detenidas las unas frente a los otros, absolutamente estáticos, con unas tribunas bien nutridas de un público expectante, hasta que por fin el director de carrera dio el banderazo de salida.

24 Horas Montemeló parrilla

El pelotón arrancó con ese orden aleatorio, a pesar del puesto en la fila, que da la carrera a pie, con el arranque del motor y la salida oblicua de la moto. De esa forma, el largo conjunto de hombres y máquinas se dispone en una hilera, que se antoja interminable para cualquier carrera y que evita un atasco que parece ineludible en el final de la recta.

El desarrollo de la carrera vive diferentes avatares, como en otras ediciones, en este caso destacando la temprana caída del Suzuki Catalá, que lo envía a los puestos más retrasados, llevándoles desde entonces a una eterna remontada, durante largas horas, con la que alcanzan la llegada del día siguiente en la segunda posición, detrás de su rival natural, La R-1 de Yamalube Folch Endurance, pilotada por Tizón, Vallcaneras, Pinsach y Ullastres, que gana la carrera, con la ZX-10 del equipo francés LVM copando el pódium.

24 Horas Montemeló kawa

Pero esta carrera merece, mucho más que una obligada crónica, una  reflexión de fondo que va mucho más allá de sus resultados e incluso de la infinidad de incidencias que se dan en ella durante tantas horas y con tantas motos y tantos pilotos en pista. Las 24 Horas Motociclistes de Catalunya merecen hacer un alto para dar un repaso, adelante y atrás en el tiempo, para conocer el momento que vive una carrera tan particular.

Vayamos a ello.

Las 24 Horas antiguas, las de Montjuich, eran una carrera inimaginable a día de hoy, que, durante un fin de semana completo transformaba el ambiente, incluso el estado de ánimo de una ciudad, sobre todo después de ponerse el sol, con los haces de luz de las motos relampagueando en el firmamento barcelonés y el grave rumor de los motores, poniendo sonido de fondo a la noche. Sí, aquélla era una Larga Noche de Julio, película de 1974, ambientada en la carrera del Parque, cuya trama llevaba a los protagonistas a cometer un robo durante un relevo de las 24 horas.

24 Horas Montemeló Ducati

Aquella carrera formaba entonces parte del campeonato del mundo de resistencia, acogiendo en su inscripción equipos oficiales con el apoyo directo de las fábricas. Las motos de estas formaciones componían al final de la prueba la clasificación de élite, con un grupo muy selecto que luchaba por el entorchado mundial. Pero lo cierto es, que aparte de estas formaciones, el grueso de la carrera lo componía una lista de equipos formados en los talleres de la ciudad, y también, por extensión, a la totalidad del país; talleres que pasaban todo el año trabajando con un ahínco impulsado por su entusiasmo; amasando una ilusión que liberarían por fin en el mismo momento en el que los pilotos echasen a correr, en pos de sus motos, tras el banderazo de salida. Sin embargo, las prestaciones de las motos, creciendo en progresión geométrica, sobre un escenario, acotado por árboles monolíticos, muros como empalizadas o balas de paja, en el mejor de los casos, convirtieron a la carrera en un peligro constante e imposible de asumir; y así fue cómo aquella etapa de Montjuich terminó por extinguirse durante la década de los ochenta.

24 Horas Montemeló Motocrom BMW

Y así nos colocamos en la actualidad, en el pasado fin de semana, cuando se celebró, en el circuito de Montmeló, una nueva edición de las 24 Hores Motociclistas de Catalunya, carrera que nació hace ya 22 años, dicen que tratando de recuperar el espíritu de aquellas 24 horas míticas que acogían la montaña de Montjuich, y que hacían vibrar a la ciudad entera con su amalgama de colores y sobre todo de sonidos. Pero, realmente, ¿cuánto se puede ver y vivir hoy, en 2016, de aquel espíritu de Montjuich en estas 24 horas de Montmeló?

24 h montmeló psicodelia

Veamos.

Lo cierto es que, al dar un paseo por el pit lane, uno se siente como en cualquier carrera del FIM CEV Repsol, del propio Mundial de Resistencia o incluso del WSBK. La vestimenta de los boxes, la uniformidad de los mecánicos, la disposición del material y de las herramientas, e incluso el orden y la celeridad con los que se ve trabajar sobre las motos a las formaciones de todos los equipos te dan la sensación de estar inmerso en una prueba del máximo nivel, y lo cierto es que, contemplando este panorama, se antoja muy lejano aquel ambiente familiar con el que trabajaba cada taller en aquellos boxes, improvisados como tenderetes, al pie de la fuente de Montjuich. Sin embargo, fijándose en el matiz, uno descubre algunos detalles, ciertamente llamativos, que no se encuentra en una prueba donde se está jugando la clasificación para un campeonato del mundo. Veámoslos uno por uno:

24 Horas Montemeló r1 folch

Entre sponsors y logotipos, es fácil encontrar monos sin publicidad, algunos nuevos a estrenar y otros, en cambio, con bastante legión encima, con heridas de guerra que su piloto luce con orgullo, como las insignias de reenganche que van prendidas en el pecho de un militar. Rostros resplandecientes de una ilusión casi infantil durante la mañana del sábado, pocas horas antes de darse la salida; miradas inquietas, nerviosas, debajo del casco antes del warm up, como el síntoma que delata un cosquilleo creciente en el estómago a medida que avanza la mañana; caras de incertidumbre junto a una CBR con un carenado al que le han acoplado los faros de una forma tan efectiva como artesanal, y los semblantes más entusiastas al lado de una Honda VTR SP-01 inscrita en la lista, una bicilíndrica con 14 años de edad, que además acabó la prueba.

24 Horas Montemeló honda vtr sp01

Luego, en la pista y visto desde el vial, se observa el ritmo llamativo que llevan los cuatro o cinco primeros, un ritmo que resulta realmente destacado sobre un enorme pelotón que pasa a la marcha de lo que podíamos llamar “una rodada rápida”. Observo también pasar muchos pilotos con un saliente flexible tras el casco, uno, otro: Se trata del tubo que les conecta al camel bag, un recurso casi imprescindible con tantas horas de calor sofocante; Y fue entre este enjambre de pilotos tan bien equipados donde me topé con el detalle que a la postre sería el que me trasladase en el espacio hasta la Montaña de Montjuich y en el tiempo hasta una época, que ahora se antoja ancestral, en la que el apasionado de la moto vivía las 24 Horas de una forma tan mágica como cercana. Entre tanto tubo de plástico ondeando en cada frenada sobre la espalda de uno y otro piloto, me llama la atención la forma agitada con la que algo se mueve tras el casco de uno de ellos.

24 h montmeló parque cerrado

No logro distinguirlo con claridad en una de las curvas, y es sólo al final de la recta, embocando el viraje del fondo, cuando consigo definir su forma y su naturaleza. No es un tubo de plástico, claro que no. Se trata de un pañuelo anudado al cuello del piloto; tal vez llevado a modo de amuleto, o quizá como un signo de identidad, o quién sabe si es la prenda entregada por el amor que le sigue con devoción desde el box. El pañuelo, algo tan insignificante, pero que representa un símbolo de otro tiempo, que yo mismo llevé antaño y que ahora, con la joroba del mono, el tubo del camel bag o el alerón del casco, había olvidado por completo. El pañuelo, un emblema del pasado que ese piloto rescató de mis recuerdos para trasladarme hasta aquellas 24 Horas del Parque, a pesar de encontrarme en una de las mejores instalaciones del mundo de la velocidad.

24 h montmeló equipo kawa box

Efectivamente, podemos trasladar al lector el pálpito de que las 24 Hores Motociclistes de Catalunya, las 24 Horas de Montmeló, establecen una conexión con el pasado y que, año tras año, guardan buena parte de la esencia engendrada en aquella carrera inolvidable que daba la vuelta a la ciudad entera durante una Larga Noche de Julio.

 

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