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Ducati Panigale 1299 S: El WSBK al alcance de la mano

Ducati Panigale 1299 S: El WSBK al alcance de la mano

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Con el agradecimiento de MoriwOki.com a Focused Event

El ruido del convoy llegaba dentro del vagón como un murmullo lejano a los oídos de MoriwOki, que columpiaba el casco, pinzado con los dedos por el mentón, como si con su balanceo sopesase la trascendencia de lo que estaba a punto de empezar a vivir; un trance por el que debía de pasar tras su vasta experiencia, una prueba extrema a la sometería sus reflejos, supuestamente mermados por la edad y por los kilómetros, y de la que debería de salir intacta su reputación y, sobre todo, su credibilidad ante el modesto cupo de fieles lectores que seguían sus reportajes desde hacía algunos años.

Minutos después, cuando cruzó el umbral del concesionario, entró en un mundo sometido bajo el dominio de un rojo encendido. Todo lo protagonizaba la intensidad de ese rojo incandescente sobre otros colores más sobrios que cumplían el papel de un apagado contraste. Todo lucía algo rojo o mostraba pintada una parte en rojo, incluida la puerta del lavabo; un rojo crepitante que ha representado desde siempre los ímpetus más deportivos del motor transalpino, el mundo de las carreras vivido a la italiana, con toda la pasión expuesta a las claras, sin una sola concesión a la ambigüedad, un rojo alejado de la timidez, de los modos pusilánimes y, desde luego, del puritanismo más remilgado, en lo que a la velocidad se refiere. Tras la mesa de despacho que hacía las veces de recepción, encontró a Jose, con su hiperactividad habitual de siempre, que hacía imposible a su delgada figura coger ni un gramo de más. Y sin saludo previo, ni protocolo alguno, hizo una indicación a MoriwOki, apuntando con las cejas hacia la línea de exposición.

-Ahí la tienes.

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Plantada sobre una plataforma, elevaba su sugestiva figura hasta un plano superior al resto de la estancia. Sus líneas excitantes dibujaban la silueta de una belleza arrebatadora que se recortaba contra el fondo trasparentado por la luna del escaparate. Su fuerza interior escapaba a los trazos de su diseño, aunque tan sólo proyectaba hacia el espectador una parte del incontenible vigor que encerraban sus formas. Sus ángulos y sus filos eran como un zarpazo estético, lanzado al aire para cautivar la atención de cualquier mortal. Al contemplarla, a MoriwOki le brotó la sugerencia de que pasar junto a esta Panigale 1299 S y no girar la cabeza sería como despreciar la invitación, el reclamo sugerente, de la actriz más sensual o del modelo más cotizado del momento. Aquella figura parecía lanzarle un guante con sus líneas de cuchillo, con su silueta veloz rematada por la voluptuosidad de su rueda trasera, como muestra del poder demoledor que parecía emanar de ella -incluso con el motor en silencio- para fundir el asfalto que pasaría bajo su huella con el frenesí de un torbellino.

MoriwOki pasó tiempo atrás por la Ducati 1198 en la pista de Albacete, probó la Panigale 899 en Motorland y examinó a fondo la nueva saga de la marca boloñesa con el revolucionario motor Testastretta de distribución variable: las Monster 821 y 1200, la última Multistrada, también la nueva Diavel; pero nunca antes había subido a una Panigale “grande”.

Y así Jose le hizo entrega, cinco minutos después, de aquella reina de la belleza que encerraba dentro de sí la esencia del poder más deportivo. MoriwOki se encaramó de inmediato sobre ella, sin dar ceremonia ni trascendencia al momento, y al instante sintió la presión de un elemento extraño bajo el muslo izquierdo: era la botella del amortiguador, descentrado en su posición cantilever, con sus conexiones electrónicas sobresaliendo por encima, una protuberancia nada habitual, con la que perdería su contacto en el momento de subir los pies sobre unas estriberas desnudas y recortadas, prácticamente de carreras, si no fuera porque resultaban un punto más adelantadas. Al completar la posición, sintió las manos abajo, a buscar,  como quien dice, el eje delantero, y enseguida se dio cuenta del error que había cometido aquella mañana.

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Acudió a buscar la Panigale 1299 S con un casco de turismo, algo de lo que se arrepintió en el mismo momento de arrancar. La posición le resultaba tan radical para la vía urbana que el hueco de aquel casco no daba de sí para abarcar toda la panorámica, con lo que la parte superior ocultaba la perspectiva más alejada de lo que tenía enfrente, incluso forzando sus cervicales. Aunque, eso sí, las manetas le quedaban como un guante bajo las manos, con el justo grado de elevación que deja las muñecas ligeramente dobladas, en un ángulo natural. En cualquier caso, la posición es radical. Claro está: se trataba de una Ducati, y el buque insignia de Bolonia no iba a ser menos radical que el resto de la saga.

El trayecto que llevaría a MoriwOki hasta su barrio resultaría una secuencia de revelaciones, recibidas de primera mano y más allá de lo que hubiera sido una mera toma de contacto. Al llegar, se detuvo frente a su bar favorito e irrumpió en él, aún con el casco puesto y con la expresión admirada de la clienta apuntando justo hacia la criatura roja que acababa de aparcar frente a la cristalera. Su amigo Chema, avezado motero y miembro activista de un gran motoclub, se le acercó con el mismo gesto expresivo e, impulsado por una ansiosa curiosidad, le lanzó sus primeros comentarios.

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-¡Es una preciosidad!

-¿Verdad que sí? – dejó caer MoriwOki.

-Es espectacular, desde luego. Pero, hoy en día, ¿quién se compra eso? Una moto así es sólo para ir al circuito y ya está.

-Bueno, eso es así sobre el papel…

-Tú lo tienes que haber visto ya. ¿Cómo va?

-Aún no lo sé, Chema: Acabo de recogerla.

-Pero seguro que un pepino como ése tiene un montón de inconvenientes para circular por la calle.

-¡Hombre, qué quieres que te diga! Para un amante de las naked, a toda prueba, como lo eres tú, seguro que algunos detalles insignificantes, desde el punto de vista de las deportivas, son para ti auténticos inconvenientes, sobre todo a la hora de ir por la calle, a un recado o a trabajar.

-Seguro que sí. ¡Anda! Dime alguno, ya que te has puesto.

Panigale 1299frente total

-Pues, por ejemplo: El calor que desprenden los colectores del escape y que se deja sentir en los semáforos; también en marcha, digamos por debajo de los cien por hora, estando ahora como estamos: en torno a los 10º de temperatura.

-¡Coño!

-Ya ves. Otra cosa: La visibilidad a través de los espejos es la mínima, y para ti seguro que es escasa, desde luego, pero, al tratarse de una deportiva, y yendo yo encima, con mi anchura, se puede considerar suficiente, bastante más que muchas de su categoría. También, a pesar de las inevitables vibraciones de un bicilíndrico, llegas a advertir sin problemas cualquier coche que venga por tu retaguardia, aunque la imagen se distorsiona a determinados regímenes del motor. Total, – añadía MoriwOki- poco importa la marca o el modelo del coche, ¿no?, lo importante es que te sigue un coche.

-Visto así –a renglón seguido, Chema se mostraba aun más interesado-… Venga, ¿qué más?

-Pues, al parar en los semáforos, cuesta un poco encontrar el punto muerto.

-¿Ves?

-Sí, y el cambio semiautomático resulta algo impreciso a bajas revoluciones, tanto subiendo de marcha como bajando, pero eso ocurre si lo usas por la ciudad como si se tratase de un cambio totalmente automático.

-Total: Un desastre lo del cambio.

-Pero, ¡qué dices, Chema! Tienes que darte cuenta de que estamos hablando de una superdeportiva y no de un scooter urbano. Estamos hablando de una moto que tiene su hábitat natural en la pista y donde estoy seguro de que los regímenes más altos del motor harán cada cambio, sin duda, ¿cómo decirlo? Como el paradigma de la sincronización –y así lo pudo confirmar MoriwOki apenas un par de días después.

-¡Qué pedante te pones algunas veces! Que no estás escribiendo, ¡hombre!, que estás hablando con un colega…

-Ya, tienes razón. A veces se me va la pinza.

sin matrícula

-Bueno, con esa forma de ver lo del cambio, la verdad es que tiene otro sentido –Chema dio un largo trago a su cerveza y pasó a otro aspecto de la moto-. Oye, con un 1300, lo que sí debe de tener son unos bajos bestiales.

-Pues sí, hay que decir que, sí, que en una primera impresión, he sentido el motor con bajos, ¡sólo faltaba, tratándose de un bicilíndrico tan grande! Pero no te creas, son unos bajos que se sienten muy lejos de esa impresión de locomotora que podrías suponerle a un motor así.

-¡Vaya!, pues me sorprende.

-Si, y otra cosa que me ha sorprendido, precisamente yendo por ciudad, ha sido el radio de giro: Es muy corto, hablando de una deportiva, y además no te pillas las manos con el carenado al girar a tope, como pasa con otros modelos, con unos cuantos de esta misma categoría.

-Bueno, y de lo demás, ¿has podido tantear algo?

-Pues un poco, un poco en Ballagaro.

-¿Ballagaro? –preguntó Chema con verdadera extrañeza, ante la inmediata sonrisa de MoriwOki.

-Sí, es el curvón ése de ahí atrás. Yo lo llamo así, como otra curva que hay en el circuito del Tourist Trophy.

-¡Ah! Ya, ¿la rápida de bajada, que cambia a subida justo en el ápice?

-Sí, ésa misma. También la llamo así recordando a mi amigo Antonio Maeso

-Vale. Es una curva muy complicada –MoriwOki asiente-. ¿Y qué tal?

-Pues la verdad es que ha resultado un verdadero juego de niños, sin proponérmelo.

-No me imagino a cuánto has pasado por ahí.

-No, mejor que no. Ha sido a una velocidad realmente… um… delictiva. Mejor déjalo.

-Ya –Chema dejó caer el monosílabo moviendo la cabeza con un gesto represivo.

-Pues sí. Esperaba mucho, pero aun así, me ha sorprendido esta Panigale 1299 S pasando todo el tramo de la curva pegada al suelo, transmitiéndome la sensación de que fuese sobre el tren de una montaña rusa agarrado por debajo a sus raíles.

-Tú y tus metáforas. Pero me hago una idea, sí. ¿Y dónde vas a probarla de verdad? Te irás al circuito, ¿no?

MoriwOki sintió un breve estremecimiento al recordar que lo verdaderamente trascendental de la prueba no llegaría ese miércoles, cuando se hizo cargo de aquella criatura de la velocidad, sino que el auténtico enfrentamiento tendría lugar tres días más tarde, en el feudo de un campeón del mundo: el circuito de Tabernas, en pleno desierto de Almería.

Panigale 1299desde arriba

El Día de la Verdad

El coche dejaba atrás el recinto del hotel Calatrava, un acogedor establecimiento, con el aspecto de un hospedaje en el desierto, donde todo aquel que, de una manera u otra, se relaciona con el circuito de Almería es acogido con un estimable descuento. Mientras surcaba al volante el escaso trecho que lo separa de la pista, MoriwOki miraba de reojo al retrovisor, observando en pequeños lapsos el morlaco que llevaba pegado detrás, y con el que iba a encontrarse, cara a cara, aquella mañana de diciembre: La moto de dos cilindros más potente y más sofisticada que jamás se hubiera puesto a la venta en un concesionario. El buque insignia de la marca considerada por muchos como “el Ferrari de las motos”: Vistos así, los 28.890 euros de su precio parecían una cifra moderada, sobre todo si la comparaba con las de la lista que llevaba grabada en la cabeza desde varias semanas antes de recogerla: 205 CV, 166.5 kg, 144, 6 Nm a 8.750 rpm y dos pistones con el diámetro de un plato postrero: 116 mm. Y así transcurrieron aquellos minutos hasta que detuvo el coche con el remolque en el paddock del circuito.

Panigale 1299sola párrafo

Aún no eran las nueve de la mañana y un mar de nubes se aferraba a los cerros del fondo, ofreciendo una postal temprana que parecía tomada de un planeta imaginario. Al apagar el motor del coche, un aullido feroz pasó como una centella al otro lado del edificio de los boxes. “Será el Tito Rabat”, bromeó mentalmente consigo mismo, y dejó escapar una carcajada callada dentro de sí. Sin embargo, cuando descendió del coche, volvió a escuchar ese aullido oculto y fugaz, y cuando subió a la terraza, descubrió una moto navegando por la pista como un cohete terrestre, con el motor rabiando a la salida de cada viraje. No podía ser, la mañana se sentía todavía helada para albergar siquiera la idea de rodar en pista, pero los dígitos se clavaban, vuelta tras vuelta, en el crono de otro espectador ocasional  36, 36, 36…, una y otra vez, un 36 machacado. Observaba las trayectorias y aquella mil pisaba siempre exactamente por la misma línea, al milímetro, manteniendo un ritmo estratosférico, que, sencillamente, le dejó embobado mientras lo contemplaba. Efectivamente, el piloto no podía ser otro: Era Tito Rabat.

Minutos más tarde, cuando el campeón del mundo de Moto2 tomó el pit lane y desapareció definitivamente al fondo, por la mente de MoriwOki paseó una sensación familiar que le trasladó al instante en el espacio y en el tiempo hasta una mañana del año de Nuestro Señor de 1.991.

Aquel día, el austriaco Heinz Kinnigadner, campeón del mundo de motocross en el 84, bordaba la etapa prólogo de un raid puntuable para el campeonato de España. Sus recortes impecables sobre la tierra, sus aceleraciones ajustadas y sus apoyos magistrales sobre los tacos del neumático hacían las delicias de los espectadores y, también, del resto de los pilotos participantes, entre los que se encontraba el propio MoriwOki. Y apenas dos minutos después de que “Kinni” desapareciera detrás de la meta, sintió caer la palmada de un amigo sobre su hombro, como si de una sentencia se tratase:

-Ahora tú: Te toca.

Y ahora, 34 años después, en el desierto de Almería, volvió a sentir una palmada imaginaria que le empujaba a la pista, justo después de ver volar bajo sobre ella a otro campeón del mundo.

Panigale 1299 Tito Tito

La tibieza de un sol invernal comenzó a dejarse sentir mientras MoriwOki descargaba la Panigale 1.299 S. Pero después, al enfundarse el mono, sintió cómo la temperatura descendía repentinamente bajo el azote de un viento frío, que soplaba desde el cerro más alto que se divisaba en el Norte. Vestido ya de faena y mientras dejaba el motor al ralentí, realizó algunos estiramientos para calentar los músculos, que no le sirvieron como relajante, aunque por suerte y una vez sentado ya sobre la Ducati, consiguió controlar los nervios y evitar el temblor de piernas que amenazaba su entereza y que temía llegara como resultado de combinar un cuerpo entumecido con la tensión que le creaba aquel momento. Respiró con profundidad, tiró de la maneta del embrague –único momento en el que le sería necesaria-, clavó la primera y comenzó a desfilar por el pit lane hasta la altura del semáforo. Gas a fondo, mirada de comprobación por el espejo y a por una de las pistas probablemente más complicadas para el novato.

La primera vuelta apenas si le sirvió para calentar las gomas y sobre todo para darse cuenta de que se encontraba mucho más perdido de lo que había imaginado en un trazado con tantas dobleces ocultas. Al entrar de nuevo en la recta de meta, abrió el gas a fondo y sintió cómo la Panigale 1299 S le catapultaba hacia la ingravidez en ese tramo en el que la pista perfila una joroba redondeada; y justo en el paso por la línea de meta, llegó la hora de la verdad. Ya no había concesiones al recato o a la prudencia. O somos o no somos, y MoriwOki mantuvo el gas totalmente abierto, con la electrónica en el supuesto modo medio, el “Sport”, que entrega toda la potencia, aunque lo hace dentro de una gráfica sin picos. El bicilíndrico había devorado la cresta que hace la recta como un canapé de degustación, y MoriwOki sintió a continuación el estómago en vilo mientras la Ducati le lanzaba a bocajarro por la vertiginosa bajada.

Panigale 1299 frente pit

En ese momento recordó, como si fuera el propio Evangelio, las explicaciones que le dio Ismael Bonilla y cómo definió la llegada a la primera curva, cuando se le venía literalmente encima. Lo hizo como “una frenada suave”. ¡Suave, será para él! Y evitó a cualquier precio otras exclamaciones que distrajeran su cerebro, precisamente en un momento que le exigía su máxima concentración. Cerró el puño, y la Panigale “grande” pareció perder con ese simple gesto la chispa de su bravura, con lo que, al tirar de freno con un solo dedo, la moto se contuvo, quedando apaciguada a una velocidad asimilable, incluso para un paquete como el propio MoriwOki se tenía a sí mismo…, hasta aquel momento. Fue entonces cuando recordó, y encontró todo el sentido a las palabras de Xavi Forés sobre la frenada de la Panigale, una moto con la que el valenciano ha sido nada menos que Campeón de España, del IDM alemán, campeón de Europa y piloto 2016 en la nómina fija del WSBK: “Al frenar, te permite mucho más margen que un tetracilíndrico, porque el dos cilindros cuentan con un freno motor superior”. Y así MoriwOki sintió cómo al reducir una marcha, el tirón progresivo del motor sobre la rueda retenía la moto mucho más de lo que le hubiera otorgado al tren trasero, que siempre toma un papel casi anecdótico en la frenada de una moto. Por otro lado, encontró por primera vez en mucho tiempo un freno trasero de Ducati que ofreciera una efectividad verdaderamente digna de mención. Un segundo más tarde, el momento del giro se hizo muy fácil, aunque alguna tetracilíndrica ultra deportiva, probada por él mismo tan sólo unas semanas atrás, era capaz de ejecutarlo incluso dando un punto más de facilidad. Aun así, un sobresaliente, pensó, para la forma de girar de esta Panigale 1299, vista desde la perspectiva de un tandero medio.

Panigale 1299posando de frente.

En el paso siguiente, llegó el primer momento de sentir toda la tracción del 1.285 cc. Le impulsó como una catapulta aunque con una sensación progresiva, muy dosificable, elevándole sobre la rampa que hace ciega la bajada de la curva 2, por la que la Panigale “grande” se desliza apuntando a su ápice con la precisión de un caza de combate. A los pocos metros de tocarlo, el cambio de dirección hacia la larga parabólica de izquierdas, que llega a continuación, se resuelve con la cintura del mismísimo Toni Manero, reafirmando la predicción que le hizo el propio Forés: “Verás que se comporta con mucha agilidad porque es muy cortita”.

A continuación, la respiración nerviosa, con el cuerpo aún frío en esa segunda vuelta, le empañó por completo la pantalla terminando esa primera de izquierdas, una redonda larguísima, antes de negociar la subida ciega. “Total, si, al fin y al cabo, el relieve del asfalto no me deja ver…”, pensó mientras abría gas y la velocidad disipaba el vaho delante de su vista. Así, el trance por la primera mitad de esa vuelta pasó también por la toma de contacto con un trazado lejano en la memoria, en el que veía, curva a curva, cómo los espacios de la propia pista empequeñecían frente al recuerdo que guardaba de ella.

Pero llevemos el relato de nuevo al arranque de esa curva 3, un viraje eterno que desorienta al piloto y que guarda al final un esquinazo, cerrado e impredecible, que vuelta tras vuelta sorprendía a MoriwOki: Le costó más de media jornada encontrar una fórmula, aprovechando la geometría intuitiva de la Panigale 1299, para trazarla con una digna continuidad. Y así, desde la entrada decidió desentender la mirada de la trayectoria redonda y fijarla directamente en el esquinazo final, haciendo con la vista una secante completa de la curva. De ese modo, la Ducati se encargó de trazar la parábola como el lápiz de un compás, mientras que la mirada de MoriwOki, clavada en el pico final, hacía las veces de su aguja; y así fue cómo ambos consiguieron hacer un paso por la curva 3 con una digna eficacia, dentro de su modesta capacidad de pilotaje.

Panigale 1299 gas

Después, en la triple de derechas que se le echaba encima, la Panigale 1299 S leía cada sílaba, con acentos incluidos, del mensaje que albergaba la intención de MoriwOki hasta la última variante, la más cerrada de las tres, en la que entraba por el punto exacto para tocar su ápice sin problemas. Unos metros más adelante, el ataque del codo regular que hace la curva 7 a izquierdas, era el escenario ideal para mostrar la agresividad del chasis monocasco que arma esta revolucionaria Ducati, solventando la curva con la facilidad de un simple gesto.

A continuación, en la recta siguiente -un tramo escueto como el sorbo de un café caliente- la Panigale 1299 S no necesitaba más para mostrar lo que corre…, y corre mucho, pero mucho, reconocía MoriwOki. Luego, en las eses siguientes, recordó la recomendación de Isma Bonilla: “En el cambio de una variante a la otra hay que mover el cuerpo como un poseso y luego tirarse, literalmente, a por el peralte de la segunda”. En el cambio de dirección, MoriwOki vuelve a apreciar, más incluso, que en la entrada de la pasada curva 3, la agilidad resaltada por Xavi Forés, y al lanzar la moto contra ese peralte, siente todo el apoyo de una arquitectura monolítica y la firmeza de unas suspensiones, sencillamente, de Super Bike.

En el trance siguiente, la forma en la que tracciona la Panigale 1299 S, con el basculante 4 mm más bajo que en la anterior, la 1199, se transmite con una contundencia tal que de nuevo hace sentir la ingravidez en el cuerpo del probador, con la respiración comprimida y el diafragma en vilo, echándole materialmente encima de una chicane, radical donde las haya, en la que el nuevo ángulo de lanzamiento (24º de esta versión 1299) dobla la moto sobre un ataque inmediato de la segunda variante.

Panigale 1299 seg

Un Terremoto entre las piernas

Y llega el viraje decisivo, la curva 12; una parabólica que desemboca en la larga recta de atrás.

Días antes incluso de ir al circuito, MoriwOki tenía muy presente ese punto, y había fijado de nuevo en él los comentarios de Xavi Forés: “El potencial de esta moto respecto a la 1199 es muy superior, la electrónica es genial: está muy evolucionada”. Pensó que unas propiedades tan destacadas deberían ser determinantes a la hora de negociar un reto así, una curva que, desde otras ocasiones, le imponía tal respeto, que llegaba incluso a cohibirle, aunque MoriwOki no pudiera reconocerlo. Un viraje en constante aceleración, para el que también recordaba, nuevamente como si se tratara de El Catecismo, la indicación de Isma Bonilla, subrayando lo importante que resultaba no cambiar la inclinación de la moto mientras se fuese describiendo la trayectoria ideal sobre esa curva 12.

Y allí, unas cuantas tandas después, logró dejarse llevar, consiguió por fin entregar toda su confianza a la electrónica italiana. De ese modo, en el momento en el que la Panigale 1299 S se hallaba sobre el vértice y en su máxima inclinación, logró amarse de valor, y sobre todo de esa fe, para dar gas sin reservas, a fondo, abriendo la puerta, de par en par, a los 205 CV del bicilíndrico. Y así pudo percibir por sus propios sentidos la eficacia del sistema electrónico, la parte más sofisticada de la moto y, por extensión, de todos los modelos creados hasta la fecha por la marca de Bolonia.

Sí, en el momento de girar el puño a tope, sintió cómo se desataba un auténtico terremoto entre sus piernas y cómo un trueno continuo emergía a ras del asfalto, mientras una luz naranja y alargada se encendía con una insistencia histérica en el centro del display, hasta que finalmente la Ducati se enderezaba para abalanzarse sobre el piano exterior como un tornado, mientras la rueda delantera perdía ligeramente el contacto con el suelo.

¡Era el delirio!

Panigale 1299tumbada

MoriwOki recordó entonces la metáfora que siempre utilizaba para explicar que un control de tracción nunca podría alcanzar la eficacia absoluta: “No es la Mano de Dios”, decía. Sin embargo, después, al acabar el trabajo de campo sobre esta Panigale 1299 S, MoriwOki se preguntaría si Ducati no habría rozado el umbral de lo divino, o al menos de lo mágico.

Aun así,  el probador encaró la recta durante casi toda la jornada creyendo hacerlo en el modo que la electrónica presenta como “Sport”, quedando incompleta, sin percatarse, la transición que pretendía hacer sobre los botones del puño izquierdo para programarla en el modo “Race”, el más agresivo. Un modo que, eso sí, ofrece la misma potencia que el “Sport”, aunque con una menor intervención electrónica, tanto del DTC, como del anti wheelie y del ABS. Y al final del día, por fin sintió la aceleración estratosférica de la Panigale 1299 S, en su forma más brutal, un empuje lleno y absoluto, pero de una uniformidad tal que le llevó varias veces al corte del encendido, sin esperarlo, a pesar de la verbena de luces rojas que se monta en el display para advertir al piloto de su proximidad. Todo era inducido por una entrega, incluso en el modo más agresivo, que se siente en una regular ascendencia, asumible de una manera que él calificaría como “humana”.

A pesar de ello, la cifra estaba ahí y las otras motos que aquella mañana rodaban en pista quedaban atrás en plena recta, algunas pareciendo ir a ritmo de viaje, y eso, quedando bien claro para MoriwOki, que no era gracias a su incisivo pilotaje, ni mucho menos, ni desde luego a que fuera él quien abriera gas más pronto al salir de aquella parabólica, la curva 12, con la que arranca la recta.

En ese tramo, el de la máxima velocidad en el trazado, su cuerpo se replegaba para acoplarse a las formas cóncavas de la Ducati. Los antebrazos se ajustaban al depósito y las piernas se ensamblaban con la silueta que marca la ergonomía de la Panigale, aunque, siendo tan alto, sus rodillas tropezaban con sus codos, o viceversa, dependiendo de que replegara primero. Mientras tanto la barbilla bajaba en busca de la protección de la cúpula y de un carenado que, en general, ha ganado en esta apartado frente a modelos anteriores. Una barbilla que no llegaba a alcanzar su destino porque una barriga, ociosa y obscena, impedía a MoriwOki doblar al completo su cuerpo sobre la moto.

Yo sin matricula

Un Momento Espeluznante

La frenada con la que concluye la recta más larga de la pista almeriense es sencillamente brutal, y qué duda cabe que representaba el trance donde la Ducati Panigale 1299 S mostraría toda su capacidad de deceleración. La retención resultaba allí más poderosa que la propia aceleración y tan contundente que dejaba  la moto seca, como quien dice, y lista para hacer un giro rápido, encarando el ángulo de subida.

Pero, en una de las vueltas, MoriwOki llevó su prueba, muy a pesar suyo, bastante más allá de su límite razonable; y así fue cómo vivió un lapso espeluznante que sin duda quedó grabado en su memoria como “El Momento del día”.

Transitaba por la recta, gas a fondo en quinta -porque resultaría completamente inútil pasar a sexta-. Iba pendiente de la aparición de su referencia para la frenada, un elemento coloquial entre los habituales de la pista almeriense, que lo señalaban con un simple sustantivo: “El Camino”; pero antes de que apareciese, MoriwOki miraba de reojo y en primer término, la escalada de los dígitos en el display con el firme propósito, esta vez, de sobrepasar otra decena más la velocidad punta de la Panigale “grande”. Las cifras subían a un ritmo que parecía mantenerse, a pesar de los valores astronómicos que iban alcanzando: 230, 240, 250 por hora, y la aceleración de la Ducati no decrecía en su empuje. 255, 260, 265, 266 y “El Camino” apareció de súbito en aquella vuelta. MoriwOki apretó los dientes con la referencia en el siguiente fotograma de la película que estaba pasando delante de él a una velocidad de ultrasonido.  “El Camino” pasó junto a su pie izquierdo, 270, 272, 273…, entonces hizo lo que para él era un esfuerzo sobrehumano, sintiendo jugársela, para aguantar aún un instante más. Un calor interior y repentino le recorrió las entrañas, a pesar de la velocidad. La crispación la abrió al máximo los ojos, replegando los párpados hasta soldarlos con las órbitas bajo sus cejas. 275 kilómetros por hora en el marcador, y MoriwOki no pudo soportar más la tensión. Dejó escapar una brizna del aire que atrapaba su pecho desde media recta atrás y aflojó el gas, giró el puño para cerrarlo de un golpe. Sin embargo, en el último instante, ocurrió algo terrible…

¡Horror! No sintió el tope del puñó hacia delante. Su guante querido, sobado y maleado, ¡se había pegado a la goma con el agarrón crispada en los últimos metros de la recta! Pegado ligeramente, sí, pero lo suficiente para mantener parcialmente abierto el gas durante un par de décimas más. En un par de décimas, a 275 por hora, con 205 CV empujando, se recorren muchos, muchos metros.

Panigale 1299mucho gas

La atracción del abismo es más que un simple mito para el ser humano, y la mirada de MoriwOki fue abducida en ese momento por el extraño magnetismo del desastre. La grava del frente se antojó más escueta que una alfombra de baño, y la cristalera de la cafetería, un poco más arriba, como su destino fatal e irremediable. Por suerte para un piloto de medio pelo como él, el terror no se aferró a sus sentidos como una tenaza, sino que explotó en su interior como un manojo de punzadas que excitaron al máximo su concentración. Giró la muñeca derecha con toda la firmeza, el guante se despegó y echó toda la mano, con sus largos dedos, sobre la maneta para tirar de ella sin miramientos y con verdadera desesperación.

El ABS hizo su trabajo en el primer instante, aunque MoriwOki no lo percibió, y en el siguiente, la Panigale 1299 S se sumergió en una de esas desaceleraciones míticas. Sí, de ésas que se dice, entre la fisiología y la leyenda, que desplazan la masa cerebral del piloto dentro del cráneo. El caso es que MoriwOki, con su tronco erguido tras el depósito, sintió los hombros desmembrarse de sus encajes, y apretó desesperadamente las piernas contra el chasis y contra el depósito, creyendo estrujar la moto como si el tapón de la gasolina fuese a saltar, reventando por la presión como un proyectil. Era como un yudoca haciendo una presa angustiosa a su rival. Los muslos se deslizaban, a pesar de la presión, y con las palmas de las manos clavadas contra los semimanillares, sentía el dolor trepando por sus antebrazos. Cuatro, cinco segundos después de tirar de la maneta, sobre la ligera rampa en subida de la frenada, La Panigale 1299 S casi se para, con los 105 kilos de MoriwOki, más su equipo a bordo, un peso equivalente, como quien dice, a llevar dos ocupantes encima mientras que la curva, cerrada en pico, donde confluye la recta, quedaba varios metros más allá. Allá, muy arriba.

MoriwOki se sintió entonces ridículo como piloto, pero al mismo tiempo afortunado como cronista: Había encontrado en ese trance un valioso recurso para describir a los lectores hasta qué punto es contundente y efectiva la soberbia capacidad de frenar que ofrece esta Ducati Panigale 1299 S. Así es que, muy a pesar de su vergüenza, no le quedó otro remedio que contarlo; aunque no olvidó al hacerlo que el primer accesorio que debe adquirir el propietario que vaya a entrar en pista con esta maravilla italiana es una pareja de stop grips.

panigale 1299 SAl arrancar

La Opinión de otro Mundialista

Tras acabar de tomar sus últimas notas, MoriwOki caminó hasta el box que presentaba el aspecto más profesional de la rodada Focused Events  y allí encontró a José Luis Cardoso. Ya habían cruzado un fugaz saludo por la mañana, en el que el sevillano tan sólo tuvo un momento para comentarle que también había tenido la oportunidad de probar la Panigale 1299 S. Así pues, por la tarde, cuando MoriwOki había dejado apuntalado el trabajo de la prueba en pista, encontró al mundialista con unos minutos libres para dejarle un breve resumen de sus impresiones sobre la gran Ducati.

-Sí, a mí también me gustó mucho. Empuja una barbaridad, tiene un apoyo magnífico y frena muy bien. Una moto verdaderamente muy redonda, a la que sólo reprocharía, para mi gusto –subrayó elevando las cejas-, una electrónica que interviene con algo de exceso. El resto, como digo, muy bien.

Estaba claro que la visión de un piloto de verdad tiene una apreciación muy diferente sobre las ayudas técnicas. Para MoriwOki resultaban sencillamente mágicas, y con seguridad para la inmensa mayoría de los llamados “tanderos”; sin embargo, para el piloto, que va en busca del límite y siempre ronda cerca de él, la electrónica que ofrece una moto matriculable -se podría decir que todas- peca por exceso.

Panigale 1299arranque

En Carretera

A la mañana siguiente,  MoriwOki había quedado con su amigo Chema; y sin tiempo para recuperarse de la paliza del circuito y del viaje de vuelta que le dejó en casa a media noche, salieron juntos para hacer una ruta clásica por la Sierra de Madrid. Se detuvieron al llegar al rincón en el que por tradición se concentra buena parte de afición motorista en sus salidas domingueras, y allí, al calor de una buena taza de caldo, mantuvieron una charla que serviría como remate al propio MoriwOki para fijar definitivamente sus ideas y las notas con las que compondría el reportaje de la Panigale 1299 S.

-Te he visto muy parado esta mañana. Demasiado tranquilo, diría yo.

-Lento, Chema, di lento. Si supieras cómo percibe uno la carretera después de haber rodado en el circuito. No te apetece correr, en absoluto, además, lo encuentras absurdo y no ves nada más que peligros acechando en todas partes.

-No sé, como sólo he entrado para los tres cursos que he hecho.

-Pues tú con el nivel que tienes, deberías de ir algunas veces más. Después de hacerlo, seguro que no te tirarías como te he visto hacerlo esta mañana en alguna curva con sombras y con el guadarraíl en el borde. En invierno, eso es un riesgo extra.

-Yo he visto bien toda la carretera. No perfecta, pero bastante aceptable.

-Ya ves. Pues yo no.

Panigale 1299 rueda tras

-Vale –y cambió de tema eludiendo el asunto-. Venga: cuéntame algo de la Ducati en el circuito. Imagino que allí tiene que ir de cine.

-Sólo te daré un dato: Rodé más rápido que el mejor tiempo que había marcado en carrera haciendo la Mac90.

-Pero de eso hace ya…

-Sí, tres años, pero entonces iba con slicks y además era una carrera. Ahora con neumáticos homologados para la calle, sin fibras, con espejos, y sobre todo haciendo un reportaje con una moto muy valiosa que tengo que devolver intacta…

-Claro. Visto así, es una pasada.

-Ya te digo que sí. Esta Panigale hace todo fácil a un paquete como yo.

-Y ahora, en la carretera, ¿cómo la has sentido?

MoriwOki dio varios sorbos cortos a su taza y comenzó su breve exposición.

-Hace la entrega tan progresiva en cualquiera de los modos que hasta se puede pasear dulcemente con ella por una carretera de curvas, balanceándose en cada ese elanzada y, como digo yo: fluyendo por la ruta sin estridencias, con el motor sonando poco más allá de un ronroneo.

-Vamos: Una delicia.

Panigale 1299 rueda delante

-Sí, porque además, con la frenada ocurre algo parecido. Ha quedado atrás ese tacto seco y brutal, al hacer con la maneta el primer milímetro del recorrido, que tenían muchas Ducati, casi de una manera tradicional. Ahora es suave en la primera sensación, para luego morder con la contundencia necesaria que exige un pepino así. ¡No te imaginas cómo se para en el circuito!

-No, la verdad es que no -Chema sopló y sopló sobre la nube de vapor que escapaba de su taza-. Oye: Me he fijado en el neumático y no ha quedado con mala pinta.

-Pues la verdad es que los 240 km de pista de ayer han dejado el Pirelli Diablo Super corsa SP en un uso todavía aceptable, a pesar de que ya tenía sus kilómetros antes de entrar en el circuito. Un neumático que presentaba una rotura escalonada en el flanco  derecho cuando me lo entregaron, y que la suspensión electrónica se encargó de igualar en apenas dos tandas, para ir pelando la goma, vuelta a vuelta, de una manera totalmente uniforme.

Panigale 1299banco

 -Entiendo. Oye: Ya sé que no se tiene muy en cuenta en una moto así, pero ¿cómo va de consumo?

-Pues anoté algunas cifras, no muchas, para hacer el cálculo en ciudad y en autovía de circunvalación. –MoriwOki sacó y abrió el cuaderno de notas que guardaba contra el pecho- Por ejemplo: 121 km con 11,9 litros.

-¡Buf! ¿Eso cuánto es?

-Pues mira: Sale a 9,83 a los cien. ¡Parece mentira en un bicilíndrico! ¿Verdad? Pero el caso es que ese consumo se mantiene prácticamente en cualquier condición, porque miré varias veces el display durante las paradas en pista y andaba en una cosa muy por el estilo.

En el Banco de Potencia

-Curioso. Sí es verdad –el caldo había dejado de abrasar y podía reconfortar ya el resto del cuerpo de Chema-. Bueno, y ¿qué tal salió parada del banco?

-Pues mira, la llevé a Castro Maroto –apuntó Moriwoki, mostrando un folio grapado sobre su cuaderno de notas-: Ésta es la gráfica de la potencia a la rueda:

Potencia

-¡192,62 CV a la rueda! O sea, que, si hacemos el cálculo…

-Sí, se dice que una transmisión por cadena de hoy día pierde entre un 8 y  un 12%; así es que…

-¡Pero qué barbaridad!

-Ya ves. Y el caso es que no lo sientes tan…, ¿cómo decirlo?

-¿Ingobernable?

-No, desde luego que no. No es eso. Sino que no parece tan galáctico, sino mucho más asimilable.

Cuando Chema no había terminado de admirar la línea roja que había marcado la potencia de la Panigale 1299 S, MoriwOki le mostró el resto.

-Mira: Y aquí están las demás gráficas y cifras. El par y las tablas:

Par

Tablas

Bajo la Lluvia

-Y en agua, ¿qué tal se aguanta? Porque la otra noche, antes de ir a Almería saliste con ella, ¿no?

-Pues sí, por fin llegó la lluvia después de tanta sequía y aproveché para probarla en mojado. Antes de salir, seleccioné el modo “Wet”. Esa opción electrónica rebaja el temperamento del motor hasta dejarlo, ¿cómo explicártelo? Pues algo así como un tipo explosivo en sus horas de resaca.

-Tú y tus metáforas otra vez –comentó Chema sobre su risa-. Pero me vale.

Panigale 1299 cuadro con numeros

-Pues te voy a dejar una mejor –MoriwOki dio otros dos sorbos a su caldo, abrazándolo con las dos manos-: Conducir esta Panigale 1299 S en el modo “Wet” es como caminar sobre la espalda de un dinosaurio dormido: Permite al más incauto, incluso al menos experimentado, jugar a sentirse el conquistador de un gigante cuando la conduce sobre el suelo mojado. Las suspensiones se aflojan hasta sentirse verdaderamente elásticas, el ABS interviene sobre la maneta con la condescendencia de un padre complaciente, y el control de tracción actúa como una mano extraterrestre, que no divina, sobre los devaneos que haría el 200 que lleva detrás pisando la humedad, o los charcos, bajo el libre albedrío de la patada más descomunal que jamás se ha puesto a la venta en el mercado de las deportivas.

-Vale, te ha quedado de lo más retórico. ¿Piensas escribirlo así?

-Sí –MoriwOki apuró el tazón-. Todo es fácil, casi despreocupado, con la lluvia en esta Ducati.

Panigale 1299 lateral

En la Noche

-Oye: y ya que la probaste de noche, ¿cómo alumbran esos leds que lleva?

-La luz que proyectan es fantástica y la tranquilidad que da esa figura de fantasía que forman los leds rojos de atrás te da la tranquilidad de ser bien visto por la retaguardia, yo diría que incluso con niebla.

MoriwOki no vio mucho más interés en su compañero, por lo que no dio más detalles. Detalles  como la contribución que hace el amortiguador electrónico para mantener la horizontalidad del haz que proyecta el grupo óptico, aplicando más hidráulico en las aceleraciones para contrarrestar la fuerza brutal de toda la tracción. También se ahorró el breve relato, prueba demostrativa de la eficacia de esa luz blanca, tan intensa, de cuando en un momento nocturno en el que la escala de cuentavueltas ascendía como el fuego por un hilo de pólvora, un incauto automovilista hizo el amago de cambiarse de carril para interponerse, a paso de desfile, en la trayectoria del misil italiano. Un simple gesto del dedo índice izquierdo y una andanada de fotones cayó sobre la retaguardia de aquel tipo enlatado, que reaccionó al instante, replegando velas para agazaparse en su derecha, porque no podía ni siquiera adivinar si aquella fuente emanaba de otro coche, de un autobús o del mismísimo Enterprise.

Panigale 1299de noche

Conclusión

-¿Y qué vas a dejar como conclusión a tus lectores?

-Pues…

-Me refiero a cómo lo vas a escribir.

-Pues mira, precisamente tengo las notas escritas para ello desde el viaje de vuelta de Almería.

-Me muero por escuchar qué dicen –apuntó Chema con cierta guasa-, a pesar de tu retórica.

-Bueno -MoriwOki mostró en su rostro un gesto de resiganción-. Pues, dicen así:

Con el bicilíndrico más potente y sofisticado jamás puesto a la venta, Ducati brinda a sus incondicionales, y a los que no lo son, la oportunidad de soñar despierto con una auténtica experiencia de competición, con su equipo de telemetría y el técnico de suspensiones subidos a bordo para hacer una puesta a punto personalizada en cada metro de la pista.

Una máquina de precisión vestida de calle por el más sugestivo de los diseños italianos, brindando a su futuro comprador la posibilidad de disfrutar del mero placer de poseerla, contemplarla en su garaje al llegar a casa al final de cada día y darse el gusto de sacarla de paseo cada domingo para escuchar el ronquido metálico del desmo más grande y poderoso jamás construido.

Panigale 1299 posa moto lateral

La locución, con su tono mecánico y musical, anunciaba la siguiente estación sobre el río de existencias que fluyen por los vagones del metro, arrastrando cada día un millón de rostros anónimos, mientras MoriwOki viajaba sentado con el casco sobre el regazo y, con la mente fuera del suburbano, acodaba un brazo sobre su calota.

La bestia indómita, el monstruo bicéfalo, transformado, al cabo de siete días, en la criatura benévola que había quedado exhibiendo de nuevo su belleza en el escaparate de Ducati; y el reto que una semana antes se levantaba como el muro de una fortaleza inexpugnable, quedaba ahora en el recuerdo de MoriwOki como una experiencia intensa, plena y satisfactoria, dejando como trasfondo el regusto de un placer electrizante. No hubo reto. No existió el desafío. Lo que se había planteado como una encerrona para su capacidad se reveló finalmente como un ramillete de facilidades que ofrecen en bandeja la eficacia más optimista que jamás hubiera intuido frente al crono, y la posibilidad de soñar jugando a vivir dentro del exclusivo círculo sobre el que se ciñe el Campeonato del Mundo de Super Bikes.

Ducati Panigale 1299 S: El WSBK al alcance de la mano
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Comentario(2)
  1. Víctor dice:

    Que bien redactado….me has hecho rodar con la panigale en mi mente

    1. Tomás Pérez dice:

      Es la mayor satisfacción que uno puede sentir al leer un comentario.
      Muchas gracias.

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