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Deportivas conducidas por jóvenes en grupo

Deportivas conducidas por jóvenes en grupo

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Es muy extendido pensar, aunque no se diga tanto, que un cóctel como éste representa sin remedio y antes siquiera de ponerse en marcha un peligro ambulante, tanto para los protagonistas, como para los que puedan encontrarse a su paso. Y ése, más o menos, era el pálpito que invadía a MoriwOki antes de vivir esta breve experiencia.

Era muy poco frecuente que saliera en grupo, y rara vez lo hacía durante el fin de semana; además de ello, le resultaba imposible conducir una moto sin hacerle un test permanente, buscando el matiz, desde la rueda delantera hasta el extremo del colín. Pero aquella mañana necesitaba hacer el rodaje de una moto, al margen de cualquier unidad de prensa y aprovechó la oportunidad para hacerlo acompañado. Así es que la situación de aquel domingo se presentaba muy extraña para MoriwOki, lo mirase por donde lo mirase.

Había quedado con un grupo de motoristas, en su mayoría muy jóvenes, formado en una de las redes sociales. Y lo primero que le llamó la atención al acudir a la cita fue el número tan abultado que formaban para la salida, y además, en su inmensa mayoría con modelos de pocas concesiones, naked apretadas, erres y doble erre. Es decir: lo que cualquiera llamaría “una auténtica panda de quemados”. Una afirmación que en el justo momento antes de salir, fortalecía las sospechas de que rodaría dentro de una hilera revuelta de motos, algo caótica y un tanto alocada, destilando testosterona por los costados; un grupo a falta de un punto de consideración y de algo de respeto. Esa es, por dura y lamentable que suene que se tiene de un grupo así en muchos sectores de la moto.

moteros sin censura gasolinera

Pero la mañana no se desarrolló como esperaba, y la sorpresa de MoriwOki no pudo resultar más agradable. La realidad es que disfrutó dentro de un grupo en el que reinaba un ambiente entrañable y acogedor para todo aquel que se acoplase a él por primera vez. Se iba pendiente de los que conducían a un ritmo algo más bajo y se quedaban algo, sólo un poco, atrás; un grupo en el que se preocupaban de que nadie se desorientase en los cruces y en el que, a pesar de tanto quemado junto, en ningún momento vio en ninguno de aquellos jóvenes ni un solo detalle que delatara una intención de demostrar de lo que era capaz, de demostrar hasta qué podía llevar su moto. Ni una exhibición, ni una sola pasada y ni un solo hachazo al supuesto rival, que en este grupo, como en el que más, era considerado como un compañero de ruta. Para rematar la impresión de MoriwOki, durante la charla que mantuvieron al hacer un alto en el camino, todas las conversaciones que iba escuchando sólo tocaban un tema: La Moto. Por extraño que parezca, no llegó a sus oídos ni un comentario sobre el fútbol, ni sobre programa de viernes nocturno en Tele5, ni tampoco sobre último escándalo montado en la red por el despavilado de turno. Nada, en absoluto: sólo moto y nada más que moto.

Durante el camino de vuelta se olvidó por completo de la moto que había llevado aquel día, se olvidó de sus cualidades y de sus sensaciones, y condujo reflexionando dentro del casco. Una vez en casa y bajo el flexo de su escritorio, MoriwOki plasmó en un editorial la trascendencia y la profundidad de esa reflexión a la que le llevó un grupo de jóvenes con sus motos deportivas:

2015-09-06 10.27.24

“Me duelen los oídos de escuchar a tanta y tanta gente de mi generación, y de la otra, criticar ácidamente, y no sin desdén, a “la juventud”, como ellos les llaman. Unas críticas gratuitas que arrojan sin conocimiento, sin tomarse ni el más mínimo interés por la situación que esté atravesando esa juventud. Comentarios de soslayo, subrayados con un gesto torcido, que vierten sobre los jóvenes sin más, y no digamos ya sobre los jóvenes que van en moto. 

Lo que pienso que deberían hacer todos esos visionarios que nos presagian un negro futuro con la juventud que llega es apartar de sus ojos las lentes traslúcidas de esa envidia que sin duda sienten, una envidia por una edad que ya no tienen, y que muy probablemente no supieron vivir o que incluso malgastaron. Lo que tienen que hacer todos esos criticones es acercarse a la gente joven, conocerla, interesarse por sus inquietudes para tratar de aportarle algo positivo, en lugar de pretender minar sus ánimos con malos presagios y críticas ponzoñosas, y lo que deberían hacer, también, es acercarse a todos esos jóvenes para contagiarse del entusiasmo, de la fuerza y del espíritu alegre que emana de ellos, si es que la acritud de su resentimiento ha dejado a esos criticones algo de sensibilidad para captarlos. Deberían de tomar parte de esa bendita energía que brota de la juventud, y por añadidura, también de su sentido de grupo y de su consideración, de su respeto y de su marcado principio del compañerismo; de la solidaridad y de la generosidad con la que muchos se dan a los demás. Deberían de fijarse más en esos valores, tal vez para cambiarlos por la soberbia y el egoísmo, excéntrico y supino, que muestran, sin ir más lejos, en las reuniones de una comunidad de vecinos, y dejar a un lado esa envidia miserable y perniciosa con la que muchas veces amargan las ilusiones que muchos jóvenes han puesto sobre sus proyectos, sobre sus esperanzas, sobre su futuro.

Esta experiencia pasada ha representado para quien subscribe un verdadero regocijo al encontrarse con un grupo de jóvenes, EN MOTO deportiva, que bien podían tomar como muestra tanto y tanto cincuentón, sesentón y más, amargado por la frustración de sentirse un “don nadie”. 

moteros sin censura parada

El grupo se llama “Moteros Sin Censura” y sólo me queda darles las gracias por admitirme en su salida. Muchas gracias, también, por su condescendencia cuando insistí e insistí en ponerme en cabeza de la fila para tratar de marcar un ritmo fluido, sin cortes ni acelerones, cuando ellos no lo necesitaban. Muchas gracias por su comprensión cuando me empeciné en dar rueda y corregir a más de uno (les pido disculpas, es fruto de la deformación profesional); gracias por su atención y su correspondencia durante las breves charlas que mantuvimos.
Gracias por representar lo que pienso debe ser una referencia para todos los grupos que salen cada domingo a la ruta a lomos de sus deportivas. Pero gracias, sobre todo, gracias por reafirmar lo que día tras día defiendo delante de tanta palabra agria contra la gente joven, y es que el principal aporte que nos puede regalar la juventud a los que tenemos ya unos cuantos años es la enseñanza, sí, así de simple: enseñarnos.

-Tan sólo un último apunte para ellos, los jóvenes, y por supuesto, si me lo permiten: Por favor, por favor, por favor: Id al circuito todo lo que podáis. Ese dinero, que parece mucho, da tanto y tanto de sí, y a la larga es tan poco, que merece la pena programarse varias rodadas, las que se puedan, a lo largo del año.”

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