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Resumen Curso femenino de conducción en moto, análisis y reflexiones posteriores

Resumen Curso femenino de conducción en moto, análisis y reflexiones posteriores

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Si la sociedad es eminentemente machista, a lo largo de mi vida, el mundo de la moto me ha resultado machista y medio. Entiendo que admitirlo pueda hacerse duro para algunos, pero lo cierto es que encuentro el machismo en la moto con dos modos de manifestarse tan marcados como diferentes.

 

Primer modo de machismo en moto

Es ni más ni menos que esa biológica rivalidad impulsada por la testosterona. No se me olvidará la pasada humillante que me dio Prisca Vázquez, una rubia ciertamente explosiva entonces, al salir de las eses de Calafat durante la carrera del primer Critérium SoloMoto. Era el año 1978. Confieso que me costó dormir durante varias noches, con la rabia que me costó asumir aquella supuesta humillación.

Prisca Vázquez en una entrevista del número 617, Extra de Julio de 1.979 de la revista Motociclismo.

El año pasado volví a correr casualmente con su hermano pequeño, David Vázquez, popularmente apodado “El Buitre”, que siguiendo la tradición familiar, no sólo me dio un implacable repaso en los entrenamientos, sino que no le vi el pelo durante la carrera.

Bien. A lo largo de los años, he visto repetida en otras muchas ocasiones la misma reacción visceral que sufrí con aquella fémina afrenta propiciada por Prisca. Una rivalidad tan exacerbada como absurda, que ciega a algunos hasta provocar incluso situaciones peligrosas, no solo en la pista, sino también en la carretera.

Dos alumnas evolucionando en el circuito FK1

Segundo modo de machismo en moto

Es el que se materializa en un paternalismo empalagoso, en una condescendencia arrogante que eleva al individuo en cuestión sobre una posición de indulgencia, al borde mismo de la compasión. “Yo sí sé, y sé mucho, y voy a tener contigo la gentileza de enseñarte a ti, que no sabes nada, pobre, nada de nada, sobre el mundo de la moto. Voy a arrojar algo de luz sobre tu natural ignorancia, ya que eres mujer, y voy a ayudarte a superar tu lógica ineptitud para conducirla.” Algo semejante, en menor o igual medida, es lo que debe de presidir la mente de ese perfil, tan extendido como el primero, en el mundo de la moto.

Una alumna abordando un curva en el curso femenino de conducción en moto

Qué habíamos hecho hasta ahora

Ésta es una situación que me ha creado una incómoda disconformidad a lo largo del tiempo, y que me ha impulsado a poner lo poco que está en mi mano para tratar de ir cambiando esta ridícula situación, dentro de lo poquísimo que queda a mi alcance. Empecé por dar un tono absolutamente natural a cualquiera de las entrevistas que hice a algunas de nuestras mujeres piloto, ignorando por completo su condición femenina. Sirvan como ejemplo los de Mar Acebes, Elena Rossel, Cristina Jarranz, Sara García o Beatriz Neila, y últimamente nuestra campeona Ana Carrasco.

Por otro lado, hace algún tiempo reuní en los estudios de la COPE a seis mujeres de cierta relevancia en el mundo de la moto e hicimos un programa de radio al que puse el título de “Cómo ser mujer en moto y no morir en el intento”. ( ver radio

Alumna sobre una CB500X en el curso femenino de conducción en motoAlgo más

Bien. Podría ser más que suficiente para algunos, demasiado para otros y poco para otros más. Sea como fuere, sentía la necesidad de hacer algo más con el sencillo objetivo de que una mujer en moto resultase natural, pasase inadvertida.

Y así surgió la idea de organizar este curso, que no perseguía otro fin desde su origen que el de crear un ambiente acogedor, incluso entrañable y también, ¿por qué no?, divertido, para que un grupo de mujeres, que tal vez se sintiesen algo cohibidas por lo que ven desde fuera en el mundo de la moto, pudieran entrar definitivamente en él. Nada más…, y nada menos.

Una pareja de alumnas en el curso femenino de conducción en moto

No sentirse observadas

Una de las primeras inscritas, precisamente, fue la que me dio la clave para que todo el mundo entendiera el verdadero sentido de esta iniciativa. Meses atrás, se había examinado para el carné de moto. Cada candidato iba pasando por la zona de maniobras mientras que los demás aspirantes al A-2 permanecían al margen, mirando el teléfono, conversando o simplemente matando el tiempo mientras esperaban.

Otras tres alumnas al salir de un viraje en el curso femenino de conducción en moto

Hasta que le llegó el turno a ella. En ese momento, todos se giraron para focalizar su mirada en el recinto y, naturalmente, ver cómo lo hacía la chica.

Cuando se inscribió en este curso, la protagonista de semejante espectáculo me manifestó que quería aprender y practicar fuera de un ambiente semejante.

tres alumnas negociando una curva de 3 radios

Cuál sería el guion

El Plan del curso femenino no se diferenció nada de los mixtos que organizamos habitualmente, ya que, en cualquier caso, personalizamos al detalle la formación. Dadas las circunstancias y con la disposición de personal que contábamos, tendría que ser un servidor el encargado de impartir las teóricas; pero lo que sí estaba claro es que sobre la pista sólo debían de rodar mujeres, al menos en un principio y salvo situaciones muy puntuales, como las escasas que se dieron.

Azucena orientando a una alumna en el ejercicio de la frenada

Tres monitoras de lujo

Así pues, conté para la ocasión con tres monitoras de auténtico lujo. A saber: Sara García, la popular dakariana de Zamora, Paloma Lence, con una nutrida experiencia como profesora en pista y Azucena Prendes, nuestra monitora habitual, desde el principio, en el resto de los cursos que organizamos.

Una profesora sobre una Triumph Street Triple 675 en el curso femenino

Todo se gestó con mucho tiempo, más de cinco meses, durante el que las alumnas fueron entrelazando un contacto que se hizo cada vez más cercano y más prieto, e incluso mantuvimos algún encuentro previo, que en principio me ayudaría a formarme una idea, siquiera remota, de lo que sería el curso. Sin embargo, no fue así.

Sara García, la dakariana de Zamora, en el curso femenino de conducción en moto en el circuito FK1La noche anterior

Y llegó la víspera de nuestra fecha señalada, en la que nos reunimos la mayoría para cenar juntos en el hotel convenido (Villa de Ferias) de Medina del Campo (Valladolid). El ambiente que se formó fue realmente festivo desde el primer momento de la cena en grupo, sin observar las expresiones de preocupación que frecuentemente muestran algunos alumnos durante la noche anterior. Sí vi rastros de inquietud reflejados en las caras de todas las chicas, pero no era otra inquietud que la de la ilusión. No había ninguna más. Una ilusión que brillaba en los ojos de todas antes de retirarnos a descansar, y con la que amanecieron al día siguiente, en el desayuno.

Alumna con una Kawasaki Z900 en el curso femeninoY llegó el día

Con una puntualidad británica, todas se pusieron en marcha, y la comitiva de motos arrancó hacia el circuito de FK-1. Todo parecía ir sobre ruedas, con un compendio de los mejores presagios para una jornada tan señalada, una jornada esperada con la ilusión de los Reyes Magos por algunas de ellas.

Una alumna portuguesa con una BMW R1200GS en el curso femenino de conducción en moto en el circuito FK1

Pero a pesar del aspecto que ofrecía el panorama, no las tenía todas conmigo mientras, detrás del muro, las observaba dando las primeras vueltas a la pista. Lo cierto es que una sensación de vértigo no dejaba de recorrerme el estómago. Días más tarde comprendería que se trataba tan sólo del vértigo más natural, al sentir todo el trabajo y el esmero que ponía en juego en tan solo diez horas, después de meses gestando y proyectando este particular experimento.

motos muy diversas en el curso femenino

Alea jacta est

Pero aquella intranquilidad se disipó en un instante, voló con la brisa de una mañana nublada, al ir despojándose del casco cada una de ellas,  y descubrir en la cara de aquellas chicas una sonrisa de contenida excitación. La experiencia de verse rodando en grupo, solas, sobre una pista, sencillamente, les había encantado.

Kawasaki Ninja 650 en el curso femenino

De esa forma, las tandas empezaron a ir cayendo una tras otra, para que pudiera observar en las participantes dos actitudes diferentes, a cual más positiva y aprovechable. La que no mostraba unas ganas que delataban la posición de su cuerpo y sus movimientos sobre la moto, mostraba un tesón y un empeño dignos del mejor opositor a judicaturas, como si se tratase de un reto trascendental.

Igualmente, durante las clases teóricas, el nivel de atención a las explicaciones y el interés mostrado en las preguntas que lanzaban eran propios de aspirantes a la titulación del máster más preciado.

Yamaha MT01 en el curso femenino

Mujer tras mujer

Por otro lado, al contemplarlas dando vueltas a la pista y tomando el relevo una tras otra, sin dejar de seguir a su monitora, acuñé la idea de que tal vez con otra mujer delante se sentían más confiadas, de que quizá si fuera un hombre el que les marcara la trazada, no les brindaría la misma certidumbre y tranquilidad, tomándolo, quién sabe si por un saco de testosterona, capaz de llevar a cabo temeridades que a ellas ni se les pasarían por la cabeza.

Francamente, no lo sé. Tal vez. Tendrán que ser ellas mismas quienes lo revelen…, si es que les apetece, claro está.

Ejercicio de la frenada óptima en el curso femenino de moto

Frenada y destreza

Así llegamos a nuestro primer ejercicio práctico fuera de la pista, donde tuve ocasión de ver a auténticas principiantes esforzándose por frenar casi como un piloto, pasando por encima del miedo que pudieron sentir muchos novatos, o incluso ellas mismas antes de aquella mañana, en ese escenario y con un ambiente eminentemente femenino. La que consiguió parar la moto de la forma más estable y eficaz se llevó su particular premio, un pequeño detalle de nuestra parte.

Ejercicio de destreza en el curso femenino de moto

Con otra tanda de por medio, llegó el segundo ejercicio en asfalto, en este caso especialmente útil para personas de talla diferente a la que gasta un servidor (1,91 m). Un ejercicio de destreza, con la previa explicación de un recurso que ayuda a controlar la moto a velocidades de peatón, o menores incluso. El ejercicio consistía en dilatar el tiempo, lo máximo posible, controlando el equilibrio de la moto al transitar por un pasillo improvisado.

La ganadora se llevó un premio, gentileza de Triumph, la marca inglesa que también quiso estar presente en esta singular iniciativa.

Arranque para el ejercicio de la frenada óptima en el curso femenino de moto

Entrega de premios

Pasaban las horas y no escuché ni una queja, ni un reproche, ni siquiera el gesto natural de otras ocasiones; aunque como es natural, el rostro de algunas chicas mostraba ya cierto desfallecimiento, al alcanzar por fin la hora de la comida.

A los postres, llegó el momento festivo marcado por la entrega de premios y a continuación, otra vez a la pista. Así hasta el inicio de las tandas libres, siempre asesoradas y verificadas por las profesoras.

Abriendo gas en el curso femenino de moto

Las tandas libres

Durante esas vueltas fue donde vi disfrutar de verdad a todas las protagonistas, monitoras incluidas. Las sonrisas de satisfacción no cabían dentro de cada casco, y se expandían al despojarse de él, para resultar simplemente resplandecientes. Por otro lado, las ganas de las chicas podían mucho más que sus reservas físicas, agotando todas las vueltas de las dos tandas libres, las últimas de la jornada, para apuntarse después a una extra, de propina, gentileza del circuito FK1.

Hubo dos custom en el curso femenino de moto

Genuinas motoristas

En total: cuatro horas y veinte minutos de pista, y teniendo aún, muchas de ellas, un viaje por delante de 170 kilómetros, o más. Toda una lección de entusiasmo, de tesón, de unas ganas desbordantes y de una pasión arrebatada, propia del genuino motorista.

varias motos en la recta de FK1 durante el curso femenino de moto

Rendido de cansancio, volvía a casa con la relajación propia del alivio, después de vivir tanta concentración, de sentir encima tanta responsabilidad; pero lo hacía con una extraña felicidad, no por ello menos placentera, fruto de una inconmensurable satisfacción.

El experimento había representado un éxito rotundo, claro que sí. Sobre todo a juzgar por las declaraciones que dejaron al final del vídeo que ilustra este reportaje, y que recoge en imágenes, mejor que nada, lo que se vivió y lo que representó este día inolvidable.

Alumnas a dúo en el curso femenino de moto

¿Repetiremos?

Honestamente, no lo sé. Hace falta que transcurra el tiempo para que con su poso llegue una pausada reflexión. Y por otra parte, existe esa sugerencia que se hace uno mismo para que este día además de inolvidable, resulte también irrepetible, mientras tanto aquí puedes ver los cursos de conducción de moto que vamos organizando.

Grupo de alumnas detrás de sus motos en el curso femenino de conducción

 

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